Mamá

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Mamá

´Yo no quiero tener hijos¨, frase de moda, muy actual, temida, malentendida, criticada. Esa es, para muchas mamás una bofetada, que le puede doler, pero que definitivamente, le abre los ojos. Le abre los ojos a destiempo, le abre el telón de una obra muy suya, una obra en la que actuó con aciertos y desaciertos (como suele ser la maternidad) y en cuyo papel seguirá ¡hasta el fin de los tiempos!
Decir todo lo que significa en la vida de una mujer el hecho de llegar a ser madre, es casi una necedad. Hay tomos enteros destinados a ese tema, antiguas enciclopedias y montones de artículos y libros digitales en la red. Pero de la que quiero hablar es de la mamá cuando los hijos crecen. Esa señora que será rechazada cuando quiera dar ayuda, y no causará el efecto esperado cuando se crea muy graciosa o bienvenida. Esa mamá, como mamá que es, ocupará un espacio indefinido, a menudo trazado en un claroscuro, que para los hijos es clarísimo: mamá es mamá. Con toda la obviedad que encierre esa frase. Porque llega un momento en que los hijos, si se tiene la buena o la mala suerte de que le cuenten algo, será para que se los oiga, no para que ´se meta`en sus asuntos, o se cometa el sacrilegio de opinar y, mucho menos, de tomar partido. Eso sin contar con las épocas enteras en las que el silencio de sus vástagos la lleve a transitar los territorios de la adivinación, siempre resbalosos e inseguros, pero por sobre todo, inciertos.
La mamá con hijos grandes pasa, de ser la que decide, a la que tendrá que aprender mucho sobre el raro artilugio de la invisibilidad, la invaluable virtud del silencio, el arte de olvidar, la destreza de aparecer casi ùnicamente en emergencias y la dicha de contar con viejas amigas a las cuales recurrir cuando, una tarde cualquiera, a ese hijo ya crecido, se le ocurra reconstruir historias donde el único héroe fue él y, posiblemente por ello, le debamos todo lo que somos o tenemos. Esa mamá, de ser la protagonista, pasará a personaje secundario. Uno muy importante, que deberá, cuando se le pida, resolver problemas de todo tipo y que, depués de tanta vuelta y revuelta, se dará cuenta de que la idea de no tener hijos no es tan loca como parece.

Educación: una búsqueda constante y universal

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Sin duda alguna, hablar sobre educación da para mucho. Y hoy no es la excepción, ni a nivel nacional ni a nivel regional (consúltense las Metas Educativas para el 2021).  Uno de los más claros ejemplos es el de Estados Unidos de Norteamérica, donde se encuentra muy candente la puesta en marcha de lo que han llamado Common Core, una propuesta que busca unificar estándares, y esta vez, se trata de estándares muy elevados.

En ese sentido, puedo decir que el Common Core, en específico, me ha hecho reflexionar sobre nuestro “equivalente”bachillerato nacional, ese de tan temidas pruebas, el cual siempre he considerado y considero un verdadero desperdicio de recursos si no se restructura de manera profunda y, por qué no, de forma muy similar (se vale copiar) a lo que se está pretendiendo en nuestro vecino país del norte. 

En primer lugar, no es posible, en la prueba de Español (materia que imparto) algún genio maquiavélico haya estructurado varias preguntas sobre la existencia o no de encabalgamientos en poesía, donde el signo de puntuación presente, hacía dudar al estudiante.   O tal vez fueron peores las preguntas sobre la obra Bodas de sangre, obra que, perfectamente hubo estudiantes en el país que no leyeron debido a la amplia variedad de lecturas posibles para undécimo año. Tales preguntas, dicho sea de paso, requerían haber hecho, no solo la lectura, sino el análisis de los personajes y, por supuesto, habérselo aprendido de memoria, ya que no hay manera posible de que nadie pueda deducir la respuesta. Lo mejor de todo esto es que, cuando me atrevo a externar este tipo de comentario ante mis colegas, me arriesgo (obviamente me ha pasado) a que, con expresiones de asombro (interpretación muy condescendiente) se me diga: “Tranquila, vos apelás la pregunta, y ya.” O peor: “Pero si siempre anulan como cuatro preguntas, así que eso compensa los resultados.” Eso significa que, cómplices todos de una irremediable mediocridad sin sentido, al final nos debemos aferrar a los números y ya. Tranquilos. Si hay cientos de estudiantes que estudiaron, leyeron, se preocuparon o no, pero que de igual modo no lograron superar la prueba, o sea. ¡cero estrés! Siempre queda el viejo y efectivo recurso: ¡Los estudiantes son unos vagos!  Y no digo que algunos no lo sean, pero yo creo que no solo hay estudiantes vagos, también hay algunos profesores vagos, algunos directores vagos, algunos cordinadores vagos distribuidos a lo largo y ancho del territorio nacional.

La educación, esa que ha preocupado a la humanidad por siglos de siglos, ha tenido el cambio como una de sus constantes.  Y de eso se trata, de cambiar, modificar, introducir variaciones que vayan de acuerdo con los tiempos.  En la actualidad, los estudiantes no son, digámoslo con todas sus letras, NO SON como hace diez años, ni siquiera como hace cinco.  Ya los muchachos no quieren sentarse a oir y oir, copiar y copiar. Los jóvenes con los que yo trabajo quieren preguntar, tienen dudas, cuestionan. Desean ser partícipes de su formación.  Pueden llegar a ser verdaderos gestores de su aprendizaje.  Por ese motivo, entre otros,  no es posible que, después de que muchos profesores han imaginado, creado e implementado nuevas formas de dar clases, esos estudiantes lleguen a un examen de bachillerato donde se les pregunta si un grupo de palabras se formó por derivación, composición o si son onomatopeyas.  No puede ser que toda la fuerza y el entusiasmo de docentes innovadores se reduzca a que los estudiantes reconozcan entre formas verbales regulares e irregulares, tipo “corrieron” y “durmió”.  Preguntas como estas hay otras muchas, que, por referirse a conocimientos tan básicos, plantearlas de manera “ingeniosa” y complicada las ha llegado a convertir en absurdas.

No pongo en duda que mover toda la plataforma educativa que se ha construido a lo largo del tiempo en nuestro país sea una empresa gigantesca.  Pero tampoco dudo de que se puedan modificar, no solo los contenidos, sino el enfoque de las pruebas en sí mismo.  Numerosas veces he expresado mi malestar por ellas, así como mi deseo de que desaparezcan.  Con el tiempo y la experiencia, me he resignado a concebir su cambio. No es posible seguir ingnorando que los estudiantes de hoy son diferentes.  Es insostenible negarle el paso a la tecnología en el aula.  Es imperdonable el miedo a introducir nuevas corrientes, enfoques, objetivos y evaluaciones a lo que, como ya dije y por su naturaleza, es sinónimo de trasformación. Es imperativa la unificación de voluntades dispuestas a aventurarse en lo desconocido, con el pensamiento puesto siempre en el bien común y en la construcción de una patria donde el entusiasmo y el empeño por alcanzar la excelencia y hacer posible una nueva realidad, sea el objetivo común de unos ciudadanos que reconocen su responsabilidad con el futuro.

Estudiantes difíciles

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… o hasta “imposibles”

Escribo esto después de un año de imponente silencio en mi blog. Hoy lo que me mueve a escribir es mi experiencia de este año con un grupo de estudiantes calificados como difíciles. Me la pasé ansiosa y preocupada. Pasé un año lectivo cargada de frases referentes a todo lo negativo que pudieran tener estos estudiantes, y eso me llevó tanto tiempo y me robó tanta paz que, al final de mi curso, cuando vi toda la superación que habían logrado, el empeño que pusieron en mi materia, las buenas relaciones que habíamos establecido y el gran cariño cultivado entre nosotros durante estos meses, honestamente me quedé atónita. Estos jóvenes, a quienes había vigilado de cerca y reprendido, mi grupo guía, también me habían hecho reir. Algunos abrazos inesperados me habían llegado, a lo largo del curso, solicitando consuelo. Me di cuenta de que había poesías que jamás hubieran nacido si no las hubiera insinuado. Vi hacia atrás y me acordé de los ensayos de hermosos bailes a los que había ido, en los cuales fui testigo de su ingenio y su talento artístico. Había usado su camiseta el Día del Deporte, y recordé las fotos que les tomé ese y otros días. Los había escuchado recitanto versos de la Ilíada, y había visto sus caras de asombro cuando descubrieron que Catulo amó, odió y lloró la muerte de un hermano (poema CI) tal cual ellos pueden sentir hoy. Estaba ahí cuando me dijeron que, después de todo, don Quijote no era tan loco como lo pintan. Los acompañé a cuidar niñitos de prekinder y kinder, y conocí su lado maternal y paternal.
Estuve muy preocupada todo el año, temiendo lo peor, pero también viviendo intensamente al lado de una generación singular. Estuve muy ocupada escuchando comentarios negativos, y alguna vez la frustración me hizo llorar, pero mi corazón, una vez más, trabajó por su cuenta. Mientras mi cerebro y mis oídos trataban de procesar informaciones distorsionantes, mis manos les hacían galletas y dibujaban premios, mi corazón les seguía los pasos en sus canciones y, poco a poco, ganaba terreno en los de ellos.
Al final, tuvieron que ser los resultados académicos los que me sacaran de las nieblas. Todos ganaron mi curso, y en el resto de materias, solo un par han tenido problemas.
No fue lo esperado. Unos estudiantes difíciles, con predicciones altamente negativas, salieron adelante. Solo puedo hablar de mi materia, pero sentir el abrazo de agradecimiento de un estudiante que estoy segura, hizo trampa en una de mis pruebas, y al que le di un voto de confianza, no tiene precio para mí.
Hoy, al terminar el año, mis hipótesis renacen: en la enseñanza el amor es un ingrediente vital, es la sal. El humor, la pimienta. Las sonrisas, hermosos recipientes. Y las palabras, en vez de dardos, jamás deben dejar de decir cuánto uno ama a sus estudiantes, pues son esa cubierta que jamás le sobra a los pasteles.
La pregunta es si los estudiantes difíciles lo son 100% o si seremos los adultos los que, endurecidos y temerosos, restamos importancia al porcentaje que le toca al amor, a la risa, al llanto y a la comprensión en esta jamás escrita y nunca terminada receta de la educación.

RODELL SCHNEERINGER DE RAMÍREZ

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“All successful people men and women are big dreamers.

They imagine what their future could be, ideal in every respect,

and then they work every day toward their distant vision, that goal or purpose.”

Brian Tracy

Llegué al Colegio Saint Paul hace seis años, y aún sigue fresca en mi mente la primera impresión que me causó conocer a doña Rodell, esa libre pensadora, curiosa incansable, trabajadora tenaz e inquisitiva mujer.

No creo que haya nadie que no se impresione con el simple hecho de cruzar con ella algunas palabras.

Doña Rodell es la fundadora del Centro Educativo Saint Paul, institución que se ha forjado un serio reconocimiento nacional y se ha logrado posicionar en los mejores lugares dentro del campo educativo.  Ella soñó con hacerlo y ha luchado por cada centímetro conseguido, no solo en cuanto al espacio físico propiamente, sino en todos los niveles.

Impetuosa e impositiva, es, como toda persona emprendedora, alguien polémico.  Sin duda, contará con grandes amigos y con quienes no estén de acuerdo con su perspectiva, pero, aunque sea posible que para ella esa sea una etapa superada, no es algo que logre opacar, en lo más mínimo, la magnitud de su personalidad.

Siempre la he visto trabajando, viendo en el horizonte perfiles de nuevos retos, que pueden llegar a ser indivisables para otros.  Preocupada por su colegio, ha sabido construir un ambiente de trabajo muy singular, propicio para el desarrollo personal de sus subalternos y siempre seguro para encontrar en él un sitio donde lo emocional va de la mano con lo espiritual y material.

Doña Rodell es de esas personas que sabe vivir y lo hace plenamente. Ve esta existencia como una gran aventura y comparte esa visión generosamente.  No esconde nada.  Es una mujer tan plena, que solo sabe repartir energía, un remolino de energía capaz de arrastrar todo a su paso.

Quienes como yo, la admiran, hemos aprendido a ver en ella todas sus fortalezas y todas sus debilidades.  Hemos reído con sus chistes y hemos llorado sus angustias.  Porque ha sido así con quienes la rodean: no les ha escondido nada y les ha hecho partícipes de todo lo que está a su alcance. Los nacimientos de sus hijas y ahora de sus nietos, la congojas familiares, la lejanía de su tierra natal, sus aniversarios de boda, sus anécdotas personales, la extensión de cada metro cuadrado de la insitución, realizado con el más auténtico de los esfuerzos, así como sus más categóricos enojos.  Esa es ella: un volcán, una laguna, un mar embravecido, un atardecer, una samba, un bolero, un abrazo, un regaño, una gran madre, una compañera.

Veo en doña Rodell una visionaria entregada a la labor de ver crecer en Costa Rica, esa pequeña patria que ha hechado profundas raíces en su corazón, una propuesta educativa profundamente humana.  Ella, sin duda, entra a la historia de nuestro país con paso firme para engrosar la lista de tantos y tantos emigrantes que pusieron un día su pie en nuestro suelo para vivir el presagio de los embrujos más poderosos de nuestra tierra y se empeñaron en hacernos grandes, y sembraron la semilla de un árbol poderoso sin olvidar de colocar, en medio de nuestro paisaje, el espejo mágico donde poder imaginarnos y hacernos posibles, lo cual, muchas veces, solo se logra a través de la mirada de alguien que viene desde afuera y es capaz de revelarnos, como algo desconocido, nuestras enormes potencialidades.

A doña Rodell, mi más sensible y cariñoso tributo, por su fortaleza, su sabiduría, su profunda preocupación y su incansable labor en el campo de la educación privada de nuestro país.

Las lecturas obligatorias del MEP del 2010 en el 2013

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CUANDO LA VERDAD NOS ALCANZANEWSPAPER MEP

Recuerdo con cierta nostalgia,  cuando escribí mi post sobre las nuevas lecturas del MEP.  Era, en realidad, la respuesta de una soñadora.  Esa misma que sigue soñando con que los exámenes de bachillerato dejen de existir,  y que se destinen esos fondos para fines educativos más provechosos.

Resulta que aquella primigenia lista de libros , según la cual se nos recomendaban de manera general, varios títulos interesantes, se pasó a dar el nombre exacto de estos.  Pero no solo eso, sino que ya las editoriales se han dado a la tarea de publicar antologías con una serie de libros escogidos por ellos (en los casos en que se puede escoger) y listo.

La verdad nos alcanza de manera brutal.  No es el pecado del Ministro, no es el pecado de los escritores. Ni siquiera es el pecado de las editoriales.  Es simplemente la realidad que se impone, una realidad económica aplastante.  Baste decir que, no solo es imposible encontrar en librerías algunos de los títulos del programa , sino que, de encontrarlos, los precios son prohibitivos.

Qué lindo suena aquello de disfrutar la literatura, la poesía, lo de explorar nuevas formas de vivirla, primero cuando al final de tanto disfrute el camino se nos cierra con preguntas de bachillerato sobre el tipo de secuencia de ciertos fragmentos: ¿es lineal o perturbada?  Cuando el sentido de una estrofa poética debe estar en alguna de las cuatro opciones que se le ocurrieron a alguien. Y segundo, cuando lo que suenan son las viles monedas de tantos padres y tantas madres que luchan por el día a día, y para quienes comprar solo la lista de los libros de Español es una cuestión tan lejana como sugerirles que, en vez de los pases de su hijo, compren un carro.

Estadísticas aplicadas a la educación.

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Un terreno peligrosoSombra

Cuando vi la noticia y luego escuché a Bill Gates, el filántropo por excelencia, hablar sobre lo que titularon There is Something Perverse in College Ratings, me  decidí a escribir sobre un tema que me viene preocupando desde hace bastante:  las estadísticas aplicadas a la educación.

Como educadora, he recibido durante años los reportes de resultados de las pruebas de tercer ciclo (ya inexistentes) y de bachillerato.  En ellos aparecen datos sobre aquellas áreas en las que los estudiantes mostraron mayor o menor debilidad o, por el contrario, superaron la media nacional. Como docente, durante algún tiempo, me preocuparon mucho las áreas débiles, y hacia ella enfocaba mi atención el siguiente año.  No reflexionaba sobre el hecho de que la generación evaluada ya había salido del proceso, y la que seguía, era muy distinta.  Entonces, los siguientes resultados podían o no ser distintos, no en relación directa con las variaciones de mis clases (que podían ser mejores o no), sino por el hecho en sí de que estaba tratando con otras personas, con otras destrezas e intereses.

Actualmente, los datos suministrados por los estudios del MEP aparecen más “sofisticados”, y reciben el nombre de niveles de desempeño, como por ejemplo,  en razonamiento, aplicación de conceptos, comprensión, etc. Son análisis exhaustivos y rigurosos, pero siguen siendo datos de la generación que ya se fue.  Mi pregunta es, ¿hasta dónde puedo yo extrapolar estos resultados, sin valerme, a mi vez, de probabilidades?

¿Será entonces que esos datos sirven para evaluar a los profesores? Y si es así, ¿hasta dónde lo conseguirían?

Y para seguir hablando de estudios estadísticos de moda, puedo referirme a los que aparecen en un periódico de amplia difusión en nuestro país, el cual, en su versión digital, pone a disposición una aplicación interactiva que permite conocer la trayectoria de los colegios públicos y privados en cuanto a probabilidades de ingreso a la Universidad de Costa Rica. Al azar, ingresé a uno centro educativo de la zona rural, y las probabilidades eran…cero.  Las notas alcanzadas por esos estudiantes en el examen de admisión de la UCR se mueve entre los 50 y los 40 puntos.  La verdad, si yo fuera estudiante de ese colegio, el grado de motivación, no digamos para ganar dicha prueba, sino para asistir a clases, estaría muy cercano al número de estudiantes que ingresan a tal universidad, es decir, cero. ¿Entonces, a qué conducen estos números? ¿Cuál es el objetivo de este tipo de publicaciones? ¿Provocar emigración estudiantil? ¿Hacer desistir a quienes tienen ese colegio como única opción? ¿Motivar a los profesores y a los estudiantes a mejorar? ¿En qué mundo?

Por otro lado, en medio de la lluvia de datos, los nombres de los colegios que se destacan por los resultados, también se han divulgado con bombos y platillos.  Serán montones los que deseen ingresar a ellos, los padres estarán dispuestos a realizar cualquier tipo de esfuerzo por matricular a sus hijos ahí, los jóvenes que lo logren estarán altamente motivados, así como sus tutores y profesores. Esto a su vez, garantiza, casi automáticamente, el éxito.  Las notas de admisión serán superiores y la UCR llenará sus aulas con los mejores estudiantes del país, seguida por el resto de instituciones de enseñanza superior que, en un orden extrañamente establecido, absorberán gradualmente según se vayan desgranando los estudiantes a lo largo del proceso de admisión.

Emulando a Gates, yo me pregunto en dónde queda la labor de tantos y tantos centros educativos, los cuales, sobrellevando enormes dificultades de todo tipo, logran que la mayoría de sus estudiantes ganen el bachillerato.  Estudiantes problemáticos que vienen de hogares problemáticos, estudiantes con deficiencias físicas, mentales o emocionales, por citar algunas, que logran graduarse. Esos centros educativos ni siquiera se nombran a la hora de divulgar informaciones, y, sin embargo, están cumpliendo una labor valiosa.

Ávidos de resultados, de dinero y prestigio social, hemos perdido la perspectiva. Para que una sociedad funcione, necesitamos gente que se desempeñe eficientemente en múltiples áreas, gente contenta con lo que es, adiestrada como debe ser, ayudando a crear una economía sana en medio de una sociedad satisfecha consigo misma.

Por eso hablo de que aplicar las estadísticas en educación, es adentrarse en un terreno peligroso. Se ha llegado a tales extremos, que diferir de ellas, sin aportar a su vez otras, carece de validez.  Con esta actitud, se acallan otras voces, quizás las de la experiencia, que manejan otro tipo de realidades.  Como ejemplo, puedo citar lo que me pasó hace pocas semanas en un taller para profesores de Español.  En determinado momento, no estuve de acuerdo con una de las asistentes, quien aseguraba que a los estudiantes no les gusta la poesía, no acceden a ella, y mucho menos la escriben.  Conté mis experiencias, contrarias a las de ella, y se mostró muy molesta por mi atrevimiento, pues ella hablaba “basada en estadísticas del MEP que la acuerpaban”, mientras yo no. Creo que con eso pretendía anular mi intervención.

Esto de los números genera consecuencias como la loca carrera por los primeros lugares de un ingreso a la UCR, el cual, sinceramente creo que se ha mitificado.  Si no lo logras, sos un perdedor, y si lo consigues, sos lo máximo.  Ninguna de las afirmaciones anteriores es, necesariamente, cierta. Hemos caído en hybris, es decir, en un exceso.  Lo he dicho en otros artículos y lo seguiré repitiendo: es una verdadera locura.  En un afán de alcanzar esos estándares de ingreso y de notas de bachillerato, se ha llegado a saturar a los jóvenes con todo tipo de excesos como cursos de nivel universitario en algunas materias como Matemática; o por el contrario, llegan a excluir del currículo materias “innecesarias” como Música, Arte, Educación Física y Religión, con lo cual se engorda el conocido “currículo oculto”; también esto aumenta la posibilidad de que un estudiante, con tal de pasar la materia, caiga en manos de algún profesor inescrupuloso; esto sin dejar de lado la aparición en edades tempranas enfermedades de adulto, como la gastritis, la colitis, el insomnio, generados por es estrés, o  el alcoholismo, el tabaquismo o el uso de drogas como la marihuana o la cocaína.

La cuestión es preguntarse adónde está la raíz de todo esto, ¿es el profesor, el alumno o el Estado? ¿Adónde iremos a parar si no se reformulan los criterios de pertenencia, bienestar, crecimiento personal y salud emocional?

Mientras muchos profesores se debaten en cómo motivar a los estudiantes a aprender, a que le tomen el gusto a la lectura, a que respeten su país, a sus mayores y a sí mismos; a que convivan con las diferencias, a valorar la paz y a conocer sus potencialidades para lograr desarrollarlas; por otro lado les estamos diciendo “vean este colegio, nunca, casi nunca o pocos se gradúan y menos ingresan a la UCR según se ha comprobado estadísticamente”. Esto los convierte en … La pregunta es en qué.  ¿Qué soy si no logro todo lo que dicen que es igual al éxito académico = mejores colegios = UCR y similares? ¿Qué pasa si no soy estadísticamente significativo?