Detrás de la pizarra

Estándar

pizarra.gif

La pizarra de mi aula tiene un “moderno diseño” que consiste en no ser plana sino curva, debido a que está montada en un marco especial. Resulta que ese marco, en la parte superior, tiene algunas aberturas. En ocasiones, se me perdieron varios objetos misteriosamente. Podrán imaginarse dónde estaban.

El afortunado día que me subí en una silla para cambiarle la batería a mi reloj, tuve la suerte de descubrir las aberturas y su contenido. Encontré tres borradores de pizarra, de los cuales solo dos eran míos; una goma Pritt, una libretita, un patito de plástico, un marcador y algunos lápices. No sé qué me mortificó más, si tratar de entender cómo habían llegado hasta ahí o el hecho de haber “develado” el misterio de las desapariciones. Porque detrás de la pizarra estaban esos dos borradores que me exigieron ir a la oficina de suministros con cara de perrito arrepentido a pedir uno más y con ellos se esfumaba el cuento según el cual yo era víctima de algo o alguien -misterioso o no- empeñado en molestarme. .

La goma estaba seca, la libretita arrugada. Al marcador y los lápices los podía usar y al patito le faltaba el pico. Pero no era solo eso. La cuestión era quedarse sin argumentos, sin misterios.

Detrás de la pizarra estaba la respuesta al enigma. Por meses escribí en ella sin saberlo. Por horas me quejé, por minutos dudé. Yo solo podía ver la pizarra, porque era grande y blanca. Ni siquiera malas intenciones hubo, ya que, posteriormente, observé cómo algunos de mis alumnos más altos encontraban oportuno, después de usarlo, colocar sobre la pizarra el borrador. La historia se repitió, probablemente, con las demás cosas.

Después de aquello, me ha dado por creer que todos tenemos nuestro “detrás de la pizarra”. Como por ejemplo, con la tendencia a buscar explicaciones imposibles para hechos cotidianos y entonces andamos por ahí difundiéndolos con un halo de misterio. O como cuando sospechamos que nos acechan o nos quieren perjudicar los que nos rodean y persistimos en detectar comportamientos suspicaces que jamás existieron.

Es más, a veces nosotros mismos somos esa pizarra curva con hendiduras. Detrás de esa fachada blanca donde los otros ven tantas y tantas expresiones, tenemos nuestros secretos. Inocentes unos, no tan inocentes otros. Para algunos, inocuos, pero tal vez, para otros, atractivo. Es claro que detrás de la pizarra se puede esconder lo inimaginable, ahí está, es solo que no lo podemos ver o no queremos que lo vean. La cuestión es descubrirlo o que nos lo descubran.

About these ads

»

  1. Pingback: Los números de 2010 « Fuera de Aula

  2. Pingback: Puntos positivos de la formación presencial en el colegio

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s