Este libro hace honor a su nombre y me recuerda una vieja rima infantil “el ocho es un colocho”. 
Me llevó de un asombro a otro cada vez más grande. Me cansó y me volvió a cautivar. Creo que es muy acertado el salto constante de una época a otra y de un tipo de narrador a otro, pues de otra forma se convertiría en un armatoste indescifrable para alguien como yo, a quien la historia y la geografía le han parecido siempre dos caminos laberínticos .
Me entretuvo, sobre todo, porque el personaje principal hace preguntas que uno se está haciendo en ese momento, y creo que eso ayuda a involucrarte, de forma dinámica, con el texto.
Uno que otro pasaje imposible. La odisea de Mireille por el desierto, más que increíble. Yo me pregunto ¿qué pasó con el halcón? Pero eso es solo un detalle. Pasamos a lo moderno: ¿descapotado en el desierto?, gracias a Dios hay aviones y aterrizan de la nada, porque de otro modo…
A los amantes de los colochos, sin duda, les recomiendo que se adentren en este ocho, tal vez no se les haga infinito como a mí. Entre esto, la fórmula, el joven ajedrecista que a veces parecía tener cien años, la policía secreta de Argelia, las persecuciones, las piezas valiosísimas dispersas (nada menos, pobre de mí) por los cuatro puntos cardinales, el desierto y el hecho de que los personajes sean piezas vivientes del juego (¿32?), la verdad, no sé si pasaré a El fuego (la segunda parte) y, con ello, a las brasas.
Para darle un lugar al escepticismo: ¿cómo es que en África se guarda el secreto más poderoso-peligroso del mundo?
De todos modos, como siempre es mejor para cada cual hacerse de su opinión, les dejé los enlaces respectivos por si quieren bajar gratis ambos libros de la red.