EXAMEN DE NOVENO vs PISA TIMMS I

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Al examen de noveno había que eliminarlo por muchas razones. Pero a la argumentación que aporta el ministro Garnier para sustentar la decisión del Consejo Superior de Educación se le escapan algunos puntos relevantes: la edad, el título de conclusión del tercer ciclo de enseñanza diversificada que se otorga, la situación económica intrafamiliar, los institutos que ofrecen una alternativa de rápida salida, los casos de adicción, alcoholismo,etc., así como padres o madres ausentes, divorcios, separaciones o violencia familiar. Vemos así, como numerosos muchachos sienten que ya están lo suficientemente grandes como para trabajar y tener su propios ingresos para lo que muchos consideran gastos superfluos pero que, para el adolescente, son de primera necesidad (jeans, tenis, objetos electrónicos, etc.). También, muchos padres de familia, agobiados por la situación económica de sus hogares, ven como sus hijos ya “pueden ayudar” con la carga y les exigen ubicarse en el mercado laboral aunque sea en empleos de segunda categoría o, padres más afortunados, optan por dedicar incontables horas al trabajo o hasta por dos trabajos, lo cual los convierte en padres ausentes. Por otro lado, el Ministerio otorga un título de conclusión del tercer ciclo que el muchacho puede presentar como respaldo para una solicitud de trabajo. El panorama de deserción se completa con los institutos que lanzan ofertas atrayentes en las cuales el adolescente encuentra una salida interesante para sus prisas y hasta para las exigencias de ingreso a algunas universidades, las cuales cada vez piden mejores promedios en las notas de décimo y undécimo. A todo esto, se suman problemas de drogas y alcoholismo, cada vez mayores en nuestra población estudiantil y de los cuales es posible que ni siquiera tengamos estadísticas que reflejen exactamente la realidad.

Es comprensible que en un estudio técnico como el que llevó a cabo el Consejo Superior, las variables antes enumeradas no sea posible abarcarlas, pero no deja de ser interesante evaluarlas.

Personalmente, me preocupa el hecho de que no toda la población estudiantil del país se siente atraída por el razonamiento abstracto, el conocimiento per se, o por adentrarse en el pensamiento crítico a través de la literatura. Recuerdo con simpatía a la sabia señora quien, levantando su mano frente a mí preguntó: “¿Ve estos dedos? No todos son iguales. Así son los hijos, ninguno es igual al otro”. Entiendo que uno de los objetivos de todo sistema educativo es homogeneizar a la población para que todos participen de ideas rectoras que faciliten la convivencia y el crecimiento en un país. Sin embargo, la ecuación se complica con el bombardeo diario al que se ve sometida nuestra sociedad en la televisión o en internet y en donde se observan cientos de situaciones de la más diversa índole, sin ninguna guía o restricción y sin que se evalúen sus contenidos en el núcleo familiar o escolar. Jóvenes y adultos, arrastrados lejos de los modelos que antes nos proporcionaban abuelos, padres, maestros o figuras públicas de indudable calidad moral, flotamos a merced de los vientos.

Si la eterna pregunta de “¿esto para qué me sirve en la vida?” ha tenido pocas o ninguna respuesta acertada, pareciera que ahora menos, porque hoy, como nunca, la vida es AHORA.

Ante esto, la deserción parece una respuesta lógica y el papel del examen de noveno, ¿cómo decirlo?, mínimo.

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