Español y Matemática: el divorcio mítico

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Cuántas veces no he escuchado, cuando felicito a un estudiante por su buen trabajo, decir: “Ah, es que yo soy bueno en Español, pero en Mate……soy pésimo”, o al contrario, al entregar una nota baja o mala: “Ay, odio el Español, lo mío son las Matemáticas…” En otras ocasiones, hasta en el aula de profesores es materia de discusión. “Yo es que iba malísimo en Español, pero en cambio, era un as en Mate.” Uno que otro se arriesgará a lanzarme la temible pregunta “¿A vos no te pasaba al revés?”

¡ERROR! Me encantaban mis clases de matemática y a uno de los pocos profesores que recuerdo, estando ya en quinto año, es a don Edwin Bogantes, que en paz descanse. Hasta lo llegué a visitar en su casa de Atenas montones de años después de graduarme. Tres, en efecto, eran mis preferidos: don Edwin, don Guillermo (maestro de Música en la escuela) y sor Bernarda (de Español) en el colegio. Y estas son, casualmente y según he podido ir sabiendo con el correr de mi vida, las tres áreas hermanas, tres ninfas hijas de las mismas aguas: Música, Matemática y Español.

Porque para mí, requiere tanto pensamiento lógico ir armando una oración que ir resolviendo una ecuación. Tanto misterio encierra el sentido de una frase, como una fórmula o el sonido de las notas dibujadas en un pentagrama. Tan musical resulta construir una melodía, como ir despejando incógnitas o desentrañando sentidos.

No está divorciado el comprender el planteamiento de un problema en Física o cualquier otra disciplina similar, como poder llegar a dilucidar la validez de una tesis, lo cual nos llevaría, quizás, a descubrir todo un argumento falaz. De igual modo, se puede comparar con la distribución armoniosa o intencionalmente distorsionada de un compás musical. No es el azar lo que actúa en esos casos, no es la iluminación divina o la casualidad. Es algo tan sencillo, como tres hermanas que se juntan a conversar.

No es tampoco extraño encontrarnos con personas que disfrutan el poder conjugar esas tres artes y logran resultados sorprendentes. Tal vez se les pueda tildar como poseedores de una gran genialidad, pero también puede ser que se traduzca en personas sencilla, pero poderosa y simplemente, creativas.

He podido observar que quien es bueno en Mate, como la llamamos familiarmente, se lleva la admiración de todos. Se susurra su nombre en los pasillos, se le envidia o hasta se le odia, pero jamás se le ignora. He notado, por otra parte, que el bueno en Español, ehhhh…., es un raro: escribe (la mayoría de las veces poesía) pero no le gusta que nadie lo lea (es mostrar el alma). A veces es solitario (¡es un observador!) y muchas, un incomprendido o un ser inadvertido por la mayoría. El músico, probablemente, vuelva loco a todo el mundo, tararea por la calle, inventa melodías, le sigue el ritmo a lo que le rodea (literalmente), mas, vive asido a las palabras porque, a menudo, la música le llega con letra y todo. O si no, baste que se las insinúen, para que logre acomodarlas rápidamente: en su cabeza la fórmula es sencilla; la medida, automática.

Pero, he aquí que, muy temprano en la vida, viene la sanción social. No, no, no, no. ¿Sacó mala nota en el examen de Español?, ¡ah!, por supuesto, es que usted es bueno en Matemática. O lo contrario. Yo, en ambos casos, aconsejaría poner a funcionar un dispositivo, bastante oxidado en estos días, llamado voluntad. Primo hermano del interés. Si se trata de un niño con facultades matemáticas, le toca a los mayores agregar una pequeña extra, hasta lograr tener “buena voluntad” y entonces guiar al pupilo hacia las sendas de las palabras. Acción similar con respecto a los números se debería tomar en el otro caso.

Vemos entonces como se van sumando factores y más factores en la consecución del éxito de las nuevas generaciones, herederas de un mundo construido matemáticamente, víctimas de una maquinaria fabricada por las palabras. Pero es sencillo: se trata, cuando mucho, de desmitificar ese divorcio ancestral y poner en evidencia los lazos que unen estas ciencias.

Al final, con mi visión esquemática y un tanto fantasiosa de la realidad, no veo porqué ni los pensadores críticos señores dueños de las palabras tienen que tener ese seño fruncido, o los matemáticos un halo misterioso y distraído, si pueden, dando un paso, llamar rápidamente a la Música. Seguirle el paso a la armonía del mundo no sería entonces, como es, un objetivo tan pesado; ser reflexivo, tan tedioso y ser exacto, tan exigente.

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  1. No se que tan mitico sera pero definitivamente el divorcio lo propician los profesores de espanol que no les gusta leer, los profesores de matematicas que no les gusta pensar y los profesores de musica que no les gusta cantar. Porque? porque si usted es aficionado a saber… a mejorar… no podra evitar admirar los campos que no son el suyo. En cambio mis profesores eran por lo general gente que sabia lo aprendido en la universidad mas o menos y expertos en los programas del ministerio de educacion (no tan expertos a veces) y los de musica cuesta que en 40 min por semana hicieran la diferencia.

  2. He visto compañeros de ingeniería que aborrecen las letras, sufren haciendo informes, redactan pesimo, odian la literatura, y lo peor es que lo desprecian, lo ven como algo sin importancia e inferior. Por ahi he escuchado que esto se relaciona con los heisferios cerebrales, que cada hemisferio funciona para cada uno de estos tipos de habilidades, no se si sera cierto, a mi me gustan ambas. Siento lastima por los ingenierillos de laboratorio que ven las letras como algo inferior (solo porque desde el punto de vista economico las ingenierias y habilidades tecnicas son mas cotizadas que las artes y las letras).

  3. Yo era excelente en mate, pero español… Y en todo caso ¿Que es ser bueno en español?

    Yo lo asociaría con tildes diacríticas, tiempos verbales (incluyendo esos pluscuanperfectos que ya no me acuerdo de cuales eran). Ser bueno en mate, como la mate ensí, es muy puntual: Te dan un ejercicio y lo resolves en forma correcta y en poco tiempo. O está bueno, o está malo. Blanco o negro. Español es más como una gama de grices, y creo que la actitud que dice ud que rodea al bueno en español más bien se trata de la actitud de un artista (no así necesariamente de alguien “bueno en español”). Tan artista como el músico aunque en un espectro un tanto distinto… Sus instrumentos son talvez más silenciosos y por lo mismo al principio talvez no se anima de que otros vean lo que escribe. [el músico por su parte está obligado a enseñar lo que toca, porque es un artista “ruidoso”, y es parte de su proceso de aprendizaje]

    Entonces… bueno en español… ¿que sería?

  4. no me entendás. A los cartelitos del pluscuamperfecto los dejaste en el escritorio del colegio, pero hacés maravillas con él en tus poemas. Eso es ser bueno en Español. Te perdono,quizás, porque a un enamorado se le perdona todo, y vos, que lo estás de la palabra, de lo exacto y de las melodías tal vez se te está nublando el entendimiento.

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