SUBIR LA TORRE EIFFEL

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Este símbolo de la magnificencia ingenieril, de la extravaganzza, del diseño y del amor, no cobra su verdadera dimensión hasta que estás ahí.

Llegué a ella como un visitante más y la dejé como otro de sus amantes. Sin duda, el raro magnetismo que emana su estructura metálica va más allá de su intrincado encaje de acero. Bajo el peso de su volátil seducción, viví la experiencia de su llamado, como si un elíxir mágico me atrajera hacia cada ángulo de su silueta, tan sola, tan sencilla.

Ingenuamente pura, la avisté en una esquina desde la cual sabía que la iba a encontrar. Ahí estaba, esperándome. Se elevaba contrastando nítida bajo el cielo nublado. Estaba yo en París aquella tarde persiguiendo la certeza de un sueño y me fue cumplido entre los mil brazos de aquella inmensa torre.

Si algún día vas, no dudes en subir hasta su último tramo. Puede que sientas un poco ese temor absurdo a las nuevas experiencias que suele dar al viajero recatado. Olvídalo. Hay que dejar cualquier resquemor en la base de esta bella y seductora parisiense y escalarla para vivir la ciudad desde sus alturas.

París es una ciudad blanca, marcada por una estrella y solo desde arriba te das cuenta. Por eso, pegarse al suelo tontamente en ese momento inenarrable en que llegas a la Torre Eiffel no tiene sentido. Si llegaste hasta ahí ya nada puede detenerte. Es como si toda la ciudad encontrara su cénit en esta altitud de acero y yo asistí a ese encuentro.

Subí la torre por primera vez con un gozo infantil, y tanta gente estaba en el tercer nivel que se había cerrado el acceso, lo cual me sirvió de excusa para regresar al final de mi viaje.

Subí dos veces y, sin duda, hoy puedo asegurar que lo haría de nuevo. Símbolo de amor, de locura, odiada en un principio, amada. La Torre Eiffel resume entre sus miles de líneas el exquisito encanto de la seducción femenina y no hay quién se resista. París encontró en ella su gran compañera y esta pareja, a veces disoluta, a veces circunspecta, es una síntesis universal que solo se entiende cuando estás allí, la vives y te abandonas a ella.

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