Pertenecer a un grupo

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En mi caso, pertenecer a un grupo me ha sido, literalmente, imposible.  Por mucho tiempo, busqué un lugar en donde acomodarme.  En el colegio no lo logré muy bien.  Mis pasatiempos eran demasiado simples o demasiado excéntricos.  Leía, escribía, veía televisión… dibujaba y estudiaba.  En  la universidad, me pasaba horas enteras dedicada al estudio, leía y, alguna que otra vez, escribía.  Ver televisión era más difícil, aunque me seguía encantando.  Sin embargo, me perseguía el mismo gusanito de la pertenencia.  No sé, a lo mejor era un poco lo del complejo de huérfana por haber perdido a mi mamá en la temprana juventud o qué, pero buscaba unirme a un grupo.  Experimenté un par de asociaciones de tipo espiritual-místico o como se llame, empujada por cierta simpatía hacia la medicina alternativa.  Pero seguí sin encajar.  En la universidad, resultaba un verdadero “elemento”:  cumplía con tareas, leía todo lo asignado, en fin, me lo tomaba en serio.  Rehuía los vacilones… y viéndolo bien ¿cómo quería pertenecer a un grupo siendo seria?  Pero bueno, pertenecer a un grupo es importante…¿quién lo dijo?, la vida, la experiencia…en otras palabras, los que saben.  Y así fue como pasó el tiempo.  Aún sigo suspendida en el limbo.  Sin embargo, un poco ya más tranquila de las ansiedades grupales, me doy cuenta de que -aunque no “pertenezco-pertenezco” a ningún grupo- soy aceptada en todos.

La no-pertenecia me permite la movilidad de no tomar partido.  Soy libre.  Es quizá ése hálito, el misterioso motivo que me ha mantenido alejada de círculos asociativos excluyentes.  Muchos se me acercan para pedir mi criterio en casos especiales y “anónimos”.  Pobres.  Ellos tienen que cuidarse de no decir nombres y de no dar pistas claras.  Yo, simplemente, emito mi opinión y punto.  Quedan agradecidos.

Entonces, ¿es importante pertenecer a un grupo dentro del círculo en que te mueves?  Según mi experiencia de una vida, no.  Una vez cierto amigo de juventud me dijo que yo tenía la marca de Caín (por supuesto, intentaba con ello incorporarme al grupo de los que tenían dicha marca… sobra decir que no lo logró).  Sonaba interesante y misterioso, pero no pretendan que les diga qué es la tal marca, ¡bastante me costó a mí averiguarlo!  Marca o no marca, puede ser.  La cosa está en que, después de todo y al escribir sobre esto, me entra una duda…¿será que siempre he pertenecido al grupo de los que no pertenecen a ningún grupo? ¡Qué embrollo!

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  1. Yo creo que el sentimiento de pertenencia a algo siempre es necesario. Eso sí, siendo uno mismo, lo que es lo mismo a decir que hay que cambiar un poco (porque al fin y al cabo el “uno mismo” es un yo constantemente cambiante).

    Pero es mejor un buen amigo, otro loco con quien juntarse a vivir locuras, que mil amigos de esos ligeros que siempre van a estar dispuestos a que los invites a una cerveza pero que a la hora de las horas, nunca llegarán a conocerte bien.

    Creo entonces, que al final el verdadero tesoro no es el pertenecer a un grupo por el hecho de pertenecer al grupo en sí, sino por el hecho de sentirse comprendido por alguien más.

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