El consumismo o el espejismo de “tener”

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20080307091913-consumismo

Oh think twice, it’s another day for
you and me in paradise

¿Hasta dónde llega nuestra voracidad?  ¿Somos porque tenemos?  ¿Soy por lo que tengo?  “Tengo, tengo, tengo… tú no tienes nada”, así rezaba una tonadilla que recuerdo de mi niñez.  En aquel entonces, carecía de sentido para mí, era como cantar “mirón, mirón, mirón… de dónde viene tanta gente”.  Pero no es tan inocente como parece.  “Tener” se ha vuelto una consigna.  Pero este verbo comodín (calificado así por los especialistas debido a su uso indiscriminado) es peligroso.  Y es que no solo tenemos necesidades básicas.  Tenemos sueños.  Tenemos ambición.  Sino que también tenemos envidia.  Tenemos sed insaciable.  Tenemos hambre desmedida.  Tenemos ropa, zapatos, juguetes, carteras, celulares… que, si no los tienes, no “sos”.

Porque, en esta vida, en este instante, en el ahora, tener y exhibir se han vuelto amigos inseparables… e insuperables.  Tener, en el Diccionario Secreto, es sinónimo de acumular.  Como tarjetas de crédito que caminan, nuestra acumulación de millas nos da valor, y las podemos cambiar por… relaciones, amigos y buenas influencias.  Las “millas” son las “cosas que tengo”.  Tengo carro, luego soy.  Pero ojo, no cualquier carro…  Tengo casa… y aquí entramos en terreno minado. Casa, lo que se dice casa, es algo más complicado.   Están los detalles del barrio, urbanización, tamaño, jardines, muebles, número de televisores, videojuegos disponibles, electrodomésticos, número de garajes, etc. Como accesorio, tengo, voy a tener o DEBO tener,  ropa, celular de última generación, reloj, cartera o billetera (todos de marca), corte de pelo a la moda, joyas actuales, perfume de moda, ah, y hablo inglés.  Mis hijos, si son bebés, visten y andan en cochecito de marca… luego, más grandecitos, se repite lo anterior, pero se le suma escuela de prestigio, y, por supuesto, su primer celular de mickey mouse.  Ya de adolescentes, estas pequeñas criaturitas, se vuelven un poquitín exigentes y caprichocillos, pero ¿qué se le puede hacer?  TIENEN tan buenas amistades,  “buena educación” (léase acceso a buena escuela) son tan inteligentes, que, bueno, se les pueden pasar por alto ciertas cosillas. Con satisfacción, podemos decir que nuestros hijos lo llegan a TENER TODO.

Mas ese dulce y casi bucólico panorama descrito anteriormente pierde su dulzura y bucólico “charm”  cuando lo traducimos a la lengua de la calle, al lenguaje del diario vivir de la gente común… cuando aterriza.  Pues ¿quién lo diría? “los otros”, “aquellos”, “los extraños”, “los corrientes”,  también quieren…TENER.  Y tener, en el Diccionario Secreto de los Otros, significa “agarrar lo que se pueda, cuando se pueda y como se pueda”.  Oh, oh… suena a problemas.  Y sí, efectivamente, los problemas llegan.  Inician como noticiario de mediodía y se convierten en realidades por la tarde o noche.  Porque los desarrapados, los sin marca, también (y con esto descubro el agua tibia) también desean.  También viven el bombardeo publicitario.  Porque a ellos también les gustan los mismos celulares, las mismas cosas… tal vez no se pueden llevar las casas, pero se llevan todo lo que está adentro (además de la acomodaticia tranquilidad de los “buenos” hogares).  Porque tener no solo se restringe a lo material. Deseamos, a veces, poseer todo “del otro”:  dignidad, ventura, paz, equilibrio, voluntad…por amor, por odio, por lo que sea.

Tener, como vamos viendo, es un verbo peligroso.  Porque en el fondo, el objeto del deseo es el mismo para unos y otros, o sea, para todos.  Tener nos vuelve ciegos, codiciosos.  Tener nos vuelve hamster glotones que acumulan alimentos innecesarios en mofludos cachetes para inviernos que nunca llegan. Tener nos hace temer (hasta la desesperación) a su antónimo no-tener.  Nos vuelve atacantes y nos victimiza.  Nos vuelve aguerridos y nos ridiculiza.  Nos vuelve amnésicos, grotescos, blandos.  Nos hace duros, prepotentes.  Nos divierte y nos martiriza.  Tener nos tiraniza, nos somete.  Nos hace inertes, nos robotiza. Tener nos lleva a los más bellos espejismos y nos hunde en las más terribles simas.  Nos hace indiferentes, fríos, distantes, temerosos, inquietantes.  Tener es el verbo de las invasiones, de la conquista y de la vejación.  Humilla y enaltece, abruma y seduce. Tener nos pone de rodillas, nos arrastra y corroe.

Las noticias de noviembre sorprenden con la avalancha de clientes urgidos que aplastó a un empleado de una cadena norteamericana de tiendas.  Yo me pregunto, ¿a cuántos ha matado y seguirá matando la sed insaciable por tener ? ¿A cuántos ha aplastado en su loca carrera?

Después de todo, este verbo, en el Diccionario Secreto que todos poseemos (y del cual jamás aceptaríamos acarrear una copia) trae las instrucciones para deshacer la virtud y la honra, ya sea propia o ajena.

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  1. Hey, descubri tu blog por casualidad y me encanto!!! Estas “right on” en todo lo que escribes. Publique este articulo en las notas de mi pag de facebook y espero que sirva para que tengas mas lectores, porque de verdad que vale la pena leer tus escritos. Suerte!!! Y por favor continua escribiendo cosas como estas. Nos toca a todos ayudar a que vivamos en un mejor planeta. =)

  2. Hola, acabo de leer tu articulo y concuerdo completamente con tu pensamiento, la verdad que incomoda en este caso es la trista realidad de darte cuenta que uno mismo esta siendo descrito en este articulo. la verdad es esa todos nosotros o por no generalizar la gran mayoria a mi parecer posee los mismo pilares de formación, que son los que te gritan y gritan desde que nacemos que “teniendo” llegaremos a ser felices, que pasa con los que no pueden satisfacer ni si quiera sus necesidades basicas, frente a otro gran grupo que consume 10 veces lo que necesita?.
    Realmente entiendo y comparto esto que expones y mi iniciativa no es llevar al mundo esta vision sino sólo aportar de la forma mas sincera, que es cambiandome a mi misma, creo es el primer camino por recorrer y el mas dificil.

    me gustaria leer sobre otro temas que desarrollas.
    gracias
    adios

    PD: con respecto al diccionario secreto, a que te refieres?

  3. Muchas gracias por tu comentario. En efecto, a la única que puedo cambiar es a mí misma… ¡y qué difícil!, pero bueno, a eso vinimos a este mundo: a crecer mediante el aprendizaje y la reflexión.
    No sé cómo llegaste a mi blog, pero aquí mismo donde leíste podés accesar a otros artículos que he escrito.
    En el caso concreto que mencionás, con “diccionario secreto” me refiero al hecho de que en nuestros adentros, todos manejamos definiciones que nadie más conoce. Por eso digo que tener, en ese diccionario, significa acumular… otras veces, la definición de ese mismo verbo, en el diccionario secreto de otra persona, sería:
    tener (v.transitivo): acción de agarrar lo que se pueda, cuando se pueda y donde se pueda.
    (Eso sería, lo que comúnmente se conoce como “robar”)
    Desgraciadamente, eso pasa en nuestras sociedades. Nada más triste que ver cómo se pasean niños hambrientos frente a las ventanas de algún restaurante de comida rápida. Una vez vi cómo uno de esos niños, después de “ganarse” la plata en la esquina vendiendo lapiceros, se acercaba a la entrada solamente para pasearse de arriba a abajo, sin atreverse a entrar. Tenía el dinero agarrado en su mano. Me parece que estaba consciente de que su ropa y su apariencia en general no iban a ser aceptados. Entonces, no es cosa de tener la plata. Es algo más. Es el conjunto de todo lo que nos convierte en “clientes potenciales” y qué no.

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