UN HOMBRO QUEBRADO

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….o el lado claro de la luna

hombro quebrado2

Hasta para quebrarse hay que tener actitud, ¿quién lo diría?  Porque quebrarme el hombro fue toda una experiencia, de principio a fin.  Ni qué decir sobre la incapacidad de un mes para ir a trabajar, la ausencia y el vacío inicial, en fin, toda una gama de nuevas percepciones.  En primer lugar, la no-aceptación:  ¿quebrada yo? ¡Jamás! Queda en evidencia que era falso: sí lo estaba.  Luego, la cadena de errores que derivó en el incidente.  Primero, fui a comprar una perrita muy lejos de mi casa.  La cachorra vivía tan libremente que no conocía collar ni correa, además, por la naturaleza de su raza -border collie- era amante de….las carreras.  Luego, vino el error de parar a comer algo frente a la playa, yo con el animal semi-atado, sintiéndome culpable de llevarlo por primera vez de esta manera, le aflojé la correa y ella aprovechó para escaparse.  En mi angustia, me lancé a alcanzarla, adivinando que se me iba a perder.  Por supuesto, la caída (nada elegante) fue fatal para mi hombro, y, de ahí en adelante, los hechos se desencadenaron.  En mi mente, una serie de remordimientos me impidieron dormir por días.  Me imaginaba a la perrita perdida por aquellos lugares tan agrestes, y yo sin noticias, a pesar de que dejé mis datos en el lugar.  Jamás apareció.

En mi casa, para todos fue extraño que la mamá no estuviera “como siempre”, es decir, súper activa, súper dispuesta a todos los actos heroicos cotidianos que han formado parte de la supervivencia familiar por años de la vida.  Y es que yo vivía mi propio tránsito por el mundo de las quebraduras.  En primer lugar, no podía ni bañarme.  Vestirme era una odisea.  Descubría poco a poco que mi brazo izquierdo era inteligente y capaz, que en la casa muchas cosas están más allá de metro y medio de altura, que los cuchillos, las puertas, las tijeras, los cinturones, el “mouse” son para derechos, o, al menos, requieren de una readaptación cerebral para la cual no estaba preparada.  Ni qué decir el descubrir que tener dos brazos “móviles, útiles y sanos” es una bendición pocas veces valoradas y cuyo bienestar tiene una relación directa con la funcionalidad de sus correspondientes extremos:  las manos; porque,además, en medio de todo, ¡descubrí que un viaje por los botones es una expedición desesperante!

Y es que solemos pensar que nuestras manos son entes independientes, casi como el sorprendente “dedos” de Los locos Adams.  Pero ¡qué va!, desde el lejano hombro, extraños mensajes se extendían a mi mano gritando ¡no, no puede! ¡alto, eso es demasiado! Yo luchaba contra un espacio exterior huraño e indomable.  Además, río adentro, la nostalgia.  Había llorado a mi antigua perra Nix por casi siete años, hasta que me sentí preparada para tener otro perro en la casa, y ahora regresaba sin él y con mis capacidades completamente disminuidas.  Supongo que me puse insoportable, pero estaba demasiado ocupada descifrando mi entorno, antes familiar y amigable:  me volví intraducible para la familia, y creo que algo de eso se me quedó para siempre.

Actitud.  Sí, se necesita actitud para sobrellevar los incidentes como este.  Me volví más limitada, y supongo que con ello, más humana.  Descubrí que era (soy) vulnerable.  Adiós tijeras, cuchillos y, casi, cucharas.  Pártame la carne, por favor.  Ayúdeme a vestirme, por favor.  Necesito peinarme, por favor.  Quiero acostarme, por favor.  Me gustaría maquillarme, por favor.  Se me cayó la prensa, por favor.  Hay que ir de compras, por favor.  Auxilio, tengo que secarme porque ya me “medio bañé”, por favor. Quiero vestirme, por favor. (¡Gracias a Dios existen las sandalias, por favor!).  En fin… aunque no todo fue tan mal.  En medio de todo, me volví física:  descubrí la ley de la gravedad, no solo porque me había caído, sino porque cada noche, al yacer en mi cama, un lejano llamado proveniente del centro de la tierra llamaba a mi hombro y lo hundía en un dolor profundo que echaba raíces oscuras:  dejé de dormir, de comer, de reir, de llorar, de escribir, de leer tranquila.  (La verdad, visto en retrospectiva, la tranquilidad para mí es una obsesión.)

Pero, como todo, se me abrió una nueva gama de posibilidades.  La vida seguía sin mis esfuerzos.  El mundo giraba sin mi impulso.  Qué bien, eso quería decir que me podía mantener al margen sin que el planeta se resquebrajara. Bien. Empecé a dormir, a comer, reir, llorar, escribir (gracias por las computadoras, Dios) a leer tranquila.  La dosis de dolor permanecía, entonces me acordé de que mi ámbito de dolor era más amplio de lo que siempre me había dicho a mí misma.  Me acordé de mi docilidad, de mi tendencia al reposo, de mis silencios, de mis cavilaciones, de que, en vez de correr, siempre amé caminar, y que caminar despaCIMG0953cio era una de mis características particulares.  Y empecé a recorrer el camino olvidado de la ciudad, sus calles, sus museos y su gente. Conseguí leerme, y entre eso, supe que era tiempo de amar otra vez a una mascota.  Y aquí está:  se llama Gala y llena un espacio amplio y tibio de mis días.

Hoy, no tengo que ver el calendario lunar para saber que ya es cuarto creciente.  Una llamada en mi hombro vuelve mi mirada hacia adentro, para encontrar que hay una hermosa luna creciente en mis huesos, dulcemente dolorosa.  Entonces, entro en comunión con el cosmos, conmigo misma y con otros.

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  1. así es tal cual!!! Creo que les pasa a las más dinámicas. Estoy pasando por esa situación, con el agravante de que además del húmero izq. me quebré la muñeca derecha . Solo respiro y camino por mis propios medios, para TODO lo demás dependo de otros. Las noches son interminables, no puedo dormir del dolor del músculo que va del codo al hombro. Cómo quedaré? Ayer desp. de 50 días me pusieron un corrpiño, qué placer!!!! Dentro de 3 días me sacan el yeso de la mano y los puntos del hombro. Sé que se avecinan días tenebrosos para la rehabilitación. Algún día estas cosas no pasarán más!!!!

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