Quincuagésimo aniversario

Estándar

Bodas de Oro conmigo misma, yo, mi fiel compañera por cincuenta años.

CIMG1714He aquí que he pasado por todas esas bodas , en las que le dije el sí a la vida. Claro que muchas fueron hechas de manera inconsciente, pero todas, a su manera, se me quedaron marcadas indeleblemente.

Sé decir, por ejemplo, que jamás superé la de papel, al que sigo amando como el primer día.  Llegaron después el algodón y la piel, que pasaron alegres y se marcharon.  Igual sucedió con el lino, ese que alguna vez me prestara la tibieza de su abrigo.

Llegué, más tarde, a la madera -como quien llega a su nido- y con ella pacté el dulce secreto de una hermandad eterna.  Me marcó el hierro, en su momento, con las primeras lanzas de la conciencia ; la lana me dio alergia, y luego, muy maleable, llegó el bronce, queriendo parecer invulnerable, pero con una fortaleza endeble.  El barro, por su parte, supo decirme un gentil “hasta luego, nos vemos”.  Ya vendrían el aluminio y el acero, antípodas minerales, custodios de las ollas y de las cucharas.

Más me gustaron la seda y el encaje, ellos me acompañaron por los primeros viajes al misterio velando mis sueños.  Ellos fueron la antesala al cristal en donde supe decantar las primeras torpes uvas, sin siquiera adivinar el vino.  Vendría luego la obsidiana, tensa, hiriente, venía armada de pies a cabeza.  Ella me dio la ira y el enfrentamiento, con el cual iba a dar forma al cuarzo, firme líquido, agua congelada del universo, cristal maestro, puerta que me posibilitó aventurarme a navegar  la acuamarina, libre y celeste: había adquirido la rara belleza de la calma y la claridad mental, para después  cruzar el centro de la tierra por el cauce sagrado de la amatista.  Tenía entonces 19 y creía haber encontrado un cierto equilibrio emocional, pero aquel habría de ser el año en que perdí a mi madre.  Me volví, por ello,  de porcelana, quebradiza, rota; años después, vendría a descubrir en la sólida liquidez de la plata,  que podía adaptarme y relucir de nuevo.  Tuve en mi vida, para ese entonces,  un lugar para el sándalo: me bauticé en su aroma ocre y divino.  Llegarían  después los tiempos duros y frágiles del cromo, acerada época que le sirvió de cuna a las frutas maduras que le siguieron.

Con el estaño, más tarde, no me dejé doblegar por los problemas, sabía ya para entonces que, aunque a veces débil, estaba construyendo el edificio de mi familia.  Fue así como aparecieron en mi vida las primeras perlas, el adorno esencial de los treinata años, el bello fruto de mar que guarda en sí una tierna sensatez tornasolada.  Amé después, como una sirena embravecida, el coral.  Era como si entre sus brazos pudiera adivinar tiernas suavidades de espuma.

Entonces llegué al rubí, con su centro de sangre, roto de arteria, luminoso.  Tenía los famosos cuarenta, me sentía completa (y lo estaba).  Ya después supe que aquella edad era solo la antesala de la sabiduría y verdad que encerraba el zafiro, cielo profundo y mar – de nuevo el mar- como amigo recurrente de mi historia.

Hoy llego al oro, reluciente, nítido sol, centro gravitacional de mis planetas lunares.  Me siento revestida de su tibia compañía.  Dorada era la ciudad mítica, doradas son las coronas, dorado todo lo que tocaba Midas.  Yo no pretendo eso.  Ya va muy manchada la tierra con su carga avara de codicia.  Ahora me siento y puedo contemplar la frágil angustia de la primavera, disfruto a secas el verano, aprendo el idioma del invierno.  Me sé capaz de lo que soy capaz, y, en medio, puedo adivinar que no sé nada, confirmando por mí misma el sabio adagio.

He cruzado cincuenta fronteras y aquí voy, de camino.  Ya no busco el ansia de la llegada, sino el disfrute del tránsito. Estoy, soy, permanezco, y tomo conciencia de ser la alquimista mítica de mi propia existencia.

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  1. Gracias Lore por compartir tan bella reflexión, que me permite hacer un alto en el camino para revisar lo vivido y querer disfrutar del tránsito de la vida. ¡Bendiciones!

  2. Profe, jamás pensé que era su media teja. Se ve mucho más joven! Me encantó la entrada. Y feliz cumpleaños!

    Como dicen que muchas cosas se dan como en triadas, así pues yo tengo mi triada de profesores que me marcaron durante aquella época que de pronto se me va pareciendo lejana. Una de la escuela, y de las otras dos usted definitivamente es una de ellas. Se le quiere y se le aprecia por estos lares!

    Tenemos que vernos un día de estos.

    • Ale, vos estás presente en mi quehacer cotidiano recordando tus oportunos comentarios, tus bromas y la forma en que me dejaste participar de tu crecimiento como poeta. Sin duda, ha sido el ejercicio de la palabra lo que nos hizo encontrarnos como profesora y alumno, y lo que hoy nos mantiene como amigos. Se te quiere por estos otros lares.

  3. Lorena: FELICIDADES!!!, ni siquiera pensés que se me pasó el día (19)… Solamente vos podés tener ese DON TAN MARAVILLOSO de la escritura, además del de la palabra.
    Bien sabés lo que te quiero, sos mi GRAN AMIGA de hace 44 años y nunca terminaría ni de escribirte o decirte todo lo especial que sos en mi vida. GRACIAS por seguir siendolo. Y a seguir celebrando esta maravillosa vida. Bendiciones, Angelitos, un fuerte-fuerte abrazo y muchos besos.

    • Lidia, mi famosa amiga del pelo largo y la sonrisa abierta. Desde aquellos días siempre quise contagiarme con tu alegría y entusiasmo por la vida. Gracias por ser mi amiga querida.

  4. Me imagino que este análisis fue como una catarsis, algo así como parir toda una vida.Qué bueno que ingresas al club en donde todas las experiencias vividas,se atesoran y maduran como una botella de buen vino!Un abrazo grande de quien te quiere mucho.

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