Diez preceptos para un buen profesor

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Leí recientemente un libro titulado Llamando a las puertas del cielo, de Jordi Sierra I Fabra.  Un libro de literatura juvenil muy interesante y valioso, en el cual me topé con los 14 mandamientos del cooperante, cuya autoría se la atribuye Sierra a Víctor Viñuales.  Esto me hizo reflexionar acerca de sus propuestas, claras y sencillas, las cuales he decidio sintetizar y, en algunos casos, adaptar, como diez preceptos para un buen profesor.  De ellos me encanta la palabra “contraparte”, al final, eso es lo que es un estudiante, nuestra contraparte.

En primer lugar quedaría:  Dejarás a la contraparte protagonizar el proyecto.  De eso se trata sencillamente, de que el alumno se adueñe de tu propuesta y sea él quien la lleve a cabo.

Segundo:  Estimularás la autoestima de la contraparte.  Así de fácil, tú lo puedes hacer, vas bien, no dejes de intentarlo de nuevo.

Tercero:  No ayudarás a quien no se ayude a sí mismo.  Pues bueno, por ahí anda la motivación con la cual lo hayas alimentado, no se trata de andar por ahí regalando notas.

Cuarto:  Atenderás el proceso, es fundamental. No basta una explicación, ni dos, tal vez tres y más, tendrás que buscar la manera de darte a entender. Sigue con entusiasmo el desarrollo de lo que le has propuesto a la contraparte.

Quinto: Comprenderás la cultura del otro.  ¿De dónde viene este estudiante, cuáles son sus valores, sus estrategias, sus temores? ¿Cómo ve el mundo, la sociedad, el entorno, a sus compañeros y maestros?

Sexto: Evitarás el egocentrismo en tus análisis y en tu conducta. ¡Ay, que no se escuche tanto “yo, yo, yo”, “mi, mi, mi”, “me parece, pienso creo, estoy seguro”!

Sétimo:  No impondrás, pero no lo aceptarás todo. Claro, estamos educando, somos formadores, hay límites, apliquémoslos.  No hay que temer.

Octavo: Serás puente, traducirás dos lógicas.  ¿Cuántas veces debemos luchar para entender qué es lo que no entiende un estudiante?

Noveno (dos en uno, hice trampa): Descubrirás que enseñar es aprender y que la meta no es ser querido. Aprender que estamos aprendiendo, no enseñando, es una lección muy dura para algunos, pero es necesaria.  Este proceso puede doler a todos, sobre todo a los menores, por eso muchas veces no seremos queridos.

Décimo: Te convencerás de que la finalidad de la enseñanza es desaparecer.  Eso, para muchos, no es la finalidad, sino que la entienden como una  “fatalidad” y eso le da un toque cruel, desventurado.  Es mejor convencerse de que así debe ser, debemos desaparecer, disolvernos en el inconsciente de nuestra contraparte, eso solamente significa que nos hemos fundido de manera esencial y permanente en su espíritu.

Esto queda para quienes deseen reflexionar sobre mi punto de vista acerca de lo que debería hacer como guía y principio (entre otros cientos de aspectos), un sencillo buen profesor.

Un comentario »

  1. Muy interesante tu adaptación de los mandamientos del cooperante. Me gusta especialmente el primero, porque creo que uno de los errores más habituales entre el profesorado es el de entender el aula como un espacio exclusivo de enseñanza, más que de aprendizaje; un lugar en el que demostramos a otros lo que sabemos, sin tener en cuenta, a veces, lo que saben y quieren aprender.

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