Archivos Mensuales: febrero 2010

Al Gore, una lucha a solas

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Pareciera que los esfuerzos, las giras, las charlas interminables que ha llevado a cabo Al Gore a lo largo y ancho de nuestro planeta fuera una lucha a solas.  A solas porque no bastan los miles y miles de seguidores y simpatizantes, hasta tanto no sea escuchado por los organismos internacionales encargados de llevar a cabo las medidas requeridas para frenar el calentamiento global y sus desastrosas consecuencias.  De nuevo, este increíble activista alza su voz en un editorial del New York Times y clama por ser atendido.

No me gustaría sonar apocalíptica, ni simpatizante de las profesías mayas o de la tercera revelación de Fátima.  Sin embargo, a ratos quisiera que todas estas corrientes, las cuales se encuadran dentro de una visión mítica del mundo, tuvieran mayor peso en los criterios supuestamente racionales que gobiernan las naciones.  Y digo supuestamente racionales, porque la razón no es enemiga de la ciencia, sino su sustento.  La razón no rechaza la dialéctica, sino que la promueve.  La razón no está divorciada de la evidencia, sino que la analiza.  Y para el caso que estoy discutiendo, privan otros intereses, los intereses pasajeros y alucinantes del poder y del dinero.  Los de la primacía de unas clases sociales sobre otras.

Cierto que todos estamos en la misma barca, cierto que hay muy bellos anuncios o propaganda que nos trata de evidenciar eso de ser habitantes de un planeta en común, pero ¿qué le podemos decir a los que nunca han visto un televisor o no conocen la luz eléctrica?  Mucho se habla de la herencia que le vamos a dejar a nuestros nietos, sin embargo, los desheredados de la tierra ya están sufriendo las consecuencia de nuestra ambición desmedidada.  Ellos ya están muriendo de ser y de hambre, ya hay cercados alrededor de campos de cultivo que se ven atacados por hordas hambrientas.  Ya los mares son peligrosos y están a merced de nuevos piratas desesperados.

Al Gore no se cansa de hablar, de mostrar, de tratar de enseñar.  Esto es encomiable y a la vez frustrante.  Una vez más cobra actualidad aquella frase acuñada hace tantos siglos:  el que tiene oídos, que oiga y el que tenga ojos, que vea.  Yo agregaría:  el que tiene manos y pies, que actúe.

La mayoría de las naciones  del mundo tienen gobiernos representativos, es decir, gobiernos en los cuales delegan sus propias decisiones tal cual fueran ellos mismos quienes ocupan los puestos de los organismos directivos.  Luego, hagamos que actúen de acuerdo con nuestro sentir y nuestro criterio.  No es quedándose en casa frente a un hipnotizador programa televisivo como vamos a cambiar el rumbo de nuestra comunidad, de nuestro país o de nuestro continente.  A ratos me parece que delegar en otros las decisiones se ha vuelto sinónimo de pereza y “dejación”, un arcaísmo que usaban los abuelos y significa dejar que las cosas se resuelvan solas.

El ministro de educación

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Un título en minúscula.

En determinado momento a uno, preocupado como miles de educadores alrededor del mundo, con el 1% del apoyo estatal con el que se cuenta, por ejemplo en España, en Colombia, en Brasil o en Uruguay (por citar a algunos de los que tengo noticia), se le ocurre la grandiosa idea de utilizar Twitter.  Una vez ahí, y gracias a las alrededor de cincuenta horas semanales dedicadas a la investigación del uso de las TIC en el aula, se da uno cuenta de que tuvo bastantes ideas preclaras y una nefasta. Ya se deducirá de cuál se trata esta última.

Vamos al grano. En Twitter, y siguiendo el escaso número de 43 personas, he podido encontrar, indagar y disfrutar los sitios, las sugerencias y el entusiasmo de personas increíbles.  Y, desde mi ingenuo principio, me fui percatando sobre todo de que “increíble” era el adjetivo correcto.  Una twitera -así llama este cómodo neologismo a una mujer que utiliza Twitter- como la brasileña Sonia Bertocchi, o como Viviana Alayo, radicada en en ese país también, o el twitero Cristóbal Suárez, son ejemplos de gente que está realmente preocupada, es generosa y es seria con respecto al compromiso social de la enseñanza.  No tengo ningún problema en que, alguna vez, por ejemplo, Viviana escriba “niños en casa, me espera una noche sin dormir calificando pruebas”.  Eso pertenece al ámbito cotidiano, no estorba, sino que hasta acerca.  Pero también soy seguidora del Dalai Lama y como tal, no espero que de pronto escriba o twitee (otro neologismo) un chistecito rojo, o racista. ¿Estaré equivocada?

El caso es que sigo a Leonardo Garnier, pobrecito, pero es el  ministro de educación de Costa Rica, ¿qué le vamos a hacer?  Y no es que pretenda que, como el Dalai Lama, su nombre en Twitter sea algo como “MinistrodeEducaciónde…”.  Me explico.  Sonia,  Máster en Gestión y Producción en E-learning, nunca llega a utilizar este título como su nombre de usuario,y esto no significa que deje de serlo, pues conforme a su título y educación, se mantiene dentro de un cauce coherente.

No ocurre lo mismo con Leonardo Garnier.  He esperado y lo he leído.  Fue al Foro de Educación Colombia Aprende que hubo a finales de año, y el twitter que escribió desde allá era que no podía ver un tal partido de futbol que se estaba disputando en aquellas fechas. A manera de ilustración, puedo decir que utilicé mi twitter como enlace con esa actividad y hubo momentos en que se me saturó con las entradas donde se mostraba la efervescencia de un encuentro abundante en propuestas, ideas y discusiones de todo tipo. Me quedé esperando un comentario de él.

Me desconcierta darme cuenta de que  nuestro ministro obvia  el hecho de que su cargo no se le despega cuando entra en Twitter.  Tal vez en Facebook sería otra cosa, y si quiere intercambiar charlas de café, como para poder contar chistes, o referirse a lo escrito en un cierto espacio antecedido por “#” como #frasesdemotel, entonces tendrá que escoger otras posibilidades como la sala de su casa, o un Facebook bien restringido.

Cierto que nuestro ministro tiene su blog donde muestra su lucidez. Sin embargo, pierde de vista que Twitter es un microblog, y, a menos de que optemos por camuflagear nuestras identidades con un nombre de usuario al estilo de “cansadodecallar”, entonces no podremos huir ni desdoblarnos ni difuminarnos, por más que la realidad virtual tienda a nublar la vista.

En educación precisamos más de cargos ostentados con mayúscula.  Ya hay mucho sarcasmo, mucho vacilón y demasiadas actitudes apoyadas en un relativismo teatral que no conducen a nada.  Yo creo que eso lo tienen muy claro el Ministro de Educación de Francia, o el Presidente Electo de Uruguay, Pepe Mujica.