Archivos Mensuales: abril 2010

San José, Costa Rica, parte II

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Porque en Costa Rica,¡ hasta los huecos tienen forma de corazón!

Hueco en forma de corazón, Barrio Freses, Curridabat

Nos fuimos hacia el sur de la capital, sin dejar de pasar por la que yo llamo “la casa del vitral” ubicada al costado sur del parque Morazán.

Casa del vitral, costado sur del Parque Morazán, San José

Pocos metros después, descubrí que es un restaurante, al que por cierto voy a ir un día de estos y ya les subiré las fotos de cómo se ve desde dentro.

Siguiendo siempre al sur, se pasa por este edificio que me encanta.  Me recuerda un queque decorado para quince años, no sé si es el color o las volutas blancas, pero es toda una obra arquitectónica.

Un poco más moderno, posiblemente de los años 60, este otro edificio no sé, se me antoja de pronto que si estuviéramos en París, sería un edificio de apartamentos, pero no creo que ese sea el caso en San José.

Por fin, atravesamos el boulevar de la Avenida Central,

Vista del Boulevar de la Avenida Central, San José

donde no podía faltar la foto del Hotel Costa Rica, otra joya de principios o mediados del siglo pasado,

Hotel Costa Rica, San José

ni el ya famoso reloj situado en la encrucijada de la esquina noroeste del Teatro Nacional y lo que hoy es Tienda Carrión.

Detalla del Boulevar de la Avenida Central, San José

Un punto obligado era nuestro Teatro Nacional,

Teatro Nacional, San José, Costa Rica

con su bella fachada y la Plaza de la Cultura, siempre  llena de palomas.

Plaza de la Cultura, San José

No faltó el toque del predicador, quien a toda voz pregonaba que Dios había nacido en Haití con el terremoto.  Nunca entenderé a qué se refería.  Al frente del Teatro, una estatua de Juan Mora Fernández, nos lleva a un pasaje interesante de nuestra historia, y un poco más allá, un edificio sumamente bien cuidado, muestra el interés que existe por darle a nuestra capital un aire cosmopolita.

De ahí, nos dirigímos al Parque Central, donde nos encontraríamos con una bella bandera, colocada con toda gala en el costado norte del parque, y que realmente relucía bajo el sol.  No dejará nunca de emocionarme nuestra bandera, dondequiera que la encuentre, pero esta vez fue, realmente, una sorpresa inolvidable verla ondear en medio de un ambiente muy concurrido y tranquilo.

Bandera en el Parque Central de San José

Antiguo Teatro Raventós, actual Teatro Melico Salazar

Ahí tomé algunas fotos del  famoso quiosko que hace unos años querían derribar y, logré una hermosa foto del antiguo Teatro Raventós, hoy Teatro Melico Salazar.

Quiosko del Parque Central de San José

Vista hacia el este desde el Parque Central, San José

No podía faltar la entrada a la Catedral Metropolitana, cuyo atrio es un famoso punto de encuentro para miles de josefinos “encontrémonos en las gradas de la Catedral”.  Una vez adentro, tuve la gran idea de tomar fotos a algunos vitrales de los que más significado guardan para mí, y, sin pedir permiso por miedo a que me lo negaran, esperé algunas rondas del guarda que iba y venía por las naves de la iglesia, para tomarlas.  Creo que me quedaron bien, pues la tarde estaba soleada, y se puede apreciar toda la

Catedral Metropolitana, San José

Vitral en la Catedral Metropolitana, San José

Vitral en la Catedral Metropolitana, San José

Detalle de vitral en la Catedral Metropolitana, San José

belleza de estas obras tan perfectas.

Catedral Metropolitana, San José

.  De ahí cruzamos a la Curia Metropolitana, y entramos a Radio Fides, donde está también la Librería Católica y se pueden comprar casuyas y todo tipo de objetos para los sacerdotes, altares o iglesias.  Un edificio muy curioso, que, si se ve con detenimiento, guarda el frescor de las casas del siglo XVIII, con su patio central, el cual, sin duda, podría recobrar toda su belleza sin mucho costo y más interés.

Curia Metropolitana, San José

Entrada Librería Católica, San José

Detalle del techo, edificio de la Librería Católica, San José

Patio central, edificio Librería Católica, San José

Detalle de pared, edificio de la Librería Católica, San

Saliendo de la Librería Católica, tomamos hacia el este, una foto muestra al final la Iglesia de la Soledad,hacia donde nos llevará el boulevard que conocemos como el boulevard de Johnny (Araya), Gobernador de San José bajo cuya administración fue uno d

e quienes propulsó su construcción.

Pasamos de lado al edificio del antiguo Banco Anglo, ocupado actualmente por el Ministerio de Hacienda.

Edificio del Ministerio de Hacienda, San José

Si se tiene el cuidado de ir hacia el sur, nos encontraremos con una iglesia muy especial, cuya puerta se encuentra al filo de la acera,

es la iglesia de La Dolorosa,

Iglesia de la Dolorosa, San José

que quizá por eso se encuentra la mayoría del tiempo con sus puertas cerradas.  Sin embargo, este es otro espacio que se ha rescatado en nuestra capital para dar paso a un encantador parquecito al frente, donde corre un pequeño riachuelo artificial y en el cual los niños de los alrededores pueden tener un tiempo de sano esparcimiento.

Parque en frente a la Iglesia la Dolorosa, San José

Un poco más abajo, se alza imponente el edificio de la Caja Costarricense del Seguro Social,

Edificio viejo de la Caja Costarricense del Seguro Social

Caja Costarricense del Seguro Social

frente al cual se encuentra la Plaza de las Garantías Sociales donde uno puede sentarse con tranquilidad a leer o a departir con los amigos, y los niños se pueden divertir en algunos juegos instalados expresamente para ellos.

Juegos en la Plaza de las Garantías Sociales

Este es un rincón sumamente especial de nuestra capital, donde los pequeños, y no tan pequeños,  se puedan divertir.

Diagonal, hay un edificio muy moderno que lleva el nombre de Da Vinci, el cual mereció una foto para no pasarlo por alto.

E l boulevard está lleno de vida con pequeñas tiendas y ventas que lo alegran.

Venta en el Boulevard de la Avenida 4, San José

Se encuentra, además, decorado con flores colgantes, al estilo europeo.  Este detalle es verdaderamente muy agradable, pues resulta inconcebible que un país con un clima tan privilegiado como el nuestro, donde la primavera no pasa, no se encuentre lleno de flores por todas las calles (probablemente porque no sabemos nada de la terrible circunstancia de tener que robarle territorio al mar, como le sucede a Holanda, un país que ama las flores quizás porque se las ha arrancado duramente a su suelo).

Finalmente, llegamos a la Iglesia de La Soledad,

Iglesia de la Soledad, San José

una edificación señorial, muy bien cuidada con vitrales muy hermosos y una arquitectura interna primorosa.

Torre derecha de la Iglesia de la Soledad, San José

Resguardan su entrada dos hermosos ángeles y, en su interior, algunos fieles se encontraban rezando, y el  sacerdote parecía preparar la misa.

Interior de la Iglesia de la Soledad, San José

Interior de la Iglesia de la Soledad, San José

Al frente, se encuentra otra pequeña plaza , cuyo nombre no termina de despertarme curiosidad:  Artigas (con el acento en la “i”), apellido de un prócer uruguayo cuyo busto se encuentra eregido en el mismo lugar.

Busto al prócer uruguayo Artigas, Plaza Artigas, San José

La razón de este honor es algo que desconozco. Es una plaza con detalles vanguardistas, como una estructura de metal rojo muy llamativa, colocada a manera de arcos.

Estructura en la Plaza Artigas, San José

En la misma plaza, hay una placa de recordación a dos mártires bomberos, quienes, según reza la inscripción, murieron en el ejercicio de sus deberes.

Placa conmemorativa, Plaza Artigas, San José

Esta plaza, sin duda, es un lugar en donde se conjugan los recuerdos de personajes sumamente disímles:  un prócer, dos bomberos

y Carlos Gardel, de quien también hay un busto.

Busto de Carlos Gardel, Plaza Artigas, San José

Más hacia el este, nos encontramos con un pequeño hotel muy bien cuidado, el cual luce su fachada en armoniosos amarillo con blanco.

Hotel, Boulevard de la Corte de Justicia, San José

A partir de él, se inicia un corto pero muy lindo boulevard, cuyo nombre desconozco pero al cual bauticé “el boulevard de la Corte”.

Restaurante, Boulevard de la Corte Suprema, San Jos'eUn sitio de corto informal, donde hay restaurantes para todo tipo de presupuestos, naturalistas y dietéticos también.

Estos restaurantes cuentan con sillas al aire libre, lo cual ayuda a crear un ambiente de gran ciudad. En este boulevard, la belleza arquitectónica de las casas son un detalle atractivo, la totalidad de ellas convertidas hoy en oficinas.  Casas señoriales muy bien cuidadas.

Obviamente, este paseo desemboca en los edificios del complejo judicial donde se alojan la Corte Suprema de Justicia, el Organismo de Investigación Judicial y los Tribunales de Justicia.

Corte Suprema de Justicia, San José

Reflejo de la Corte Suprema de Justicia en el Edificio de la División de Pensiones de la CCSS, San José

Corte Suprema de Justicia, San José

Es una zona de imponentes edificiaciones y plazoletas, en una de las cuales ondea otra hermosa bandera patria.

Tribunales de Justicia, San José

Los alrededores se han modificado, creando ambientes de esparcimiento y solaz para quien desee descansar unos momentos.

Plaza de los Tribunales de Justicia, San José

Son espacios modernos y dinámicos que dan a San José un corte diferente donde el manejo del espacio demuestra los avances en materia de arquitectura de paisajes que ha venido teniendo nuestro país.

Avanzando hacia el este, nos encontramos con una construcción muy peculiar:  la Iglesia del Corazón de Jesús, cuyo inmenso mural frontal no se aprecia en toda su belleza si no se admira desde el interior.

Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, Barrio González Lahmann, San José

En el se admira una interpretación muy modernista del Corazón de Jesús, luminoso, sangrante y coronado de espinas.

Vitral de la Iglesia del Corazón de Jesús, Bº González Lahmann, San José

Esta iglesia, sin duda, marca un hito en la arquitectura moderna de nuestra capital.

Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, Barrio González Lahmann, San José

Detrás de esta Iglesia, y de camino hacia San Pedro, encontramos la Embajada de Bolivia, con su singular bandera del Gobierno Pluriracial ondeando suavemente al caer la tarde.

Bandera del Gobierno Pluriracial de Bolivia, en la Embajada de Bolivia, Bº González Lahmann

Seguimos por el barrio González Lahmann, cuyas casas guardan el recuerdo de tiempos suntuosos.  Un barrio de gente adinerada, que construyeron sus mansiones cuando el barrio Amón y el Otoya se habían urbanizado ya totalmente. Hoy este barrio todavía sigue siendo de prestigio, aunque también sirve de alojamiento para pequeños hoteles, hostales,

Hotel, Bº González Lahmann, San José

oficinas y academias de diversa índole, como la Casa Italia.

Llegamos así, a Los Yoses, donde también hay casas de gran belleza, una de las cuales aloja la Agencia Internacional de los Derechos Humanos.

Agencia Internacional de los Derechos Humanos, BºLos Yoses, San José

Este barrio se distingue también por la presencia de academias como el Instituto Británico y de una zona importante de tiendas, restaurantes y bares frecuentados por la juventud.  Este barrio desemboca en el edificio del ICE,

Edificio del ICE, Los Yoses, San José

Edificio de apartamentos, Barrio Dent, San José

frente al cual se encuentra un magnífico edificio de apartamentos de varios pisos de alto, el cual se encuentra junto al Mall San Pedro.

Mall San Pedro, Barrio Dent, San José

Mall San Pedro, vista entre los pasos a desnivel sobre la Rotonda de la Hispanidad, San Pedro

De este último logré una toma interesante entre los puentes a desnivel que desvían el tránsito hacia Guadalupe y los barrios del sur respectivamente.

En este punto, un mural alusivo a los Derechos de los Niños,

Mural frente a la Rotonda de la Hispanidad, San Pedro de Montes de Oca

decora con fantasía una pared, dándole un toque de alegría a un punto muy transitado de la ciudad: la Rotonda de la Hispanidad, adornada por la fuente que hace honor a nuestro tan valioso recurso hídrico.

Fuente de la Hispanidad, San Pedro de Montes de Oca, San José

Sobrepasando esta rotonda, nos encontramos con dos imponentes construcciones, cada una de las cuales aloja un banco:  el Banco Centroamericano de Integración Económica y el

Banco de Centroamericano de Integración Económica, BCIE, San Pedro de Montes de Oca, San José

Banco Lafise.  Más hacia el este, el Outlet Mall,

Oulet Mall, San Pedro de Montes de Oca

que hoy sirve de alojamiento a las oficinas de atención al cliente del ICE en San Pedro, un edificio de corte conservador, muy hermoso y bien cuidado.  Frente a la esquina noroeste del Outlet Mall, encontramos la Iglesia de San Pedro, de arquitectura sencilla pero muy bonita.

Otra edificación que imita la arquitectura de una vieja mansión, es la que ocupa la pizzería Il Pomodoro,

Pizzería Il Pomodoro, San Pedro de Montes de Oca, San José

la cual armoniza con las bellas casas de los alrededores de la Plaza Roosevelt .  Siguiendo el camino hacia el  famoso higuerón que ya no existe, en la esquina este del Mas x Menos de San Pedro, encontramos el restaurante Pane e Vino, el cual ha cuidado de preservar una imagen informal y armoniosa en un edificio de madera y con pequeños balcones abiertos adornados con geranios de colores.  Este restaurante se convierte en un punto muy atractivo y bien cuidado dentro de un perímetro donde no prevalecen los espacios hermosos exactamente.

Estudiantes a quienes llamamos “mediocres”

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Motores generadores de cambio

En un aula encontramos de todo:  estudiantes brillantes, medianamente destacados, decididamente mediocres, y una minoría a quienes, realmente, les cuesta comprender o seguir las explicaciones.

A los estudiantes brillantes, por lo general, no cuesta “manejarlos”.  Son callados, atentos, participan en orden, toman nota, piden permiso, etc.  Les encanta el silencio, son metódicos, los cambios los perturban, las actividades poco estructuradas (aunque solo lo sean de apariencia), los desestabilizan.  Los medianamente destacados, suelen ser participativos -o no, pueden mostrar interés de manera fluctuante y, a veces, necesitan el respaldo de los más brillantes para poder mantenerse en su sitio.  Por tal razón, cuando hay que trabajar en parejas o en grupos, estos dos tipos de estudiante suelen, prácticamente, aferrarse uno con el otro.  La mayoría del tiempo, muetran serias reservas en hacer partícipes a otros de su “sabiduría” y muestran una seria aversión al imprevisto.  A los que definitivamente les cuesta, merecen un punto aparte.

Loa que ahora me interesa son aquellos decididamente mediocres, por lo general creativos, desordenados, impredecibles.  La mayoría del tiempo, son nuestros aliados en repartir trabajos, en ir a solicitar materiales de último momento o en cambiar el rumbo usual de la clase.  Son proactivos.  No tienen reserva alguna en recortar, pegar, inventar, sentarse en el suelo, salir de la clase, dibujar un esquema o hacer fichas.  No piden explicación cuando varía la rutina, sino que, por el contrario, apoyan la variación.

Estos estudiantes nos hacen idear nuevas maneras de enfocar los temas, con tal de conquistar su atención.  Nos hacen regañar, nos enojan y nos alegran.  Generan cambios, nos provocan.  Promueven excursiones, salidas, actuaciones.  Movilizan el colegio con sus risas, sus decuidos y sus iniciativas. Si se nos ocurre hacer una feria, ellos son los que quieren vender; generalmente, los que quieren cocinar o conseguir los refrescos.  Si pensamos en representar una obra, ellos corren con los decorados y el vestuario… podrán no memorizar las líneas, pero no les tiembla la voz en las improvisaciones.

El estudiante mediocre académicamente, suele brillar en otras áreas.  Nos recuerdan los cumpleaños con tal de detener la clase y cantar una tonada.  Si están satisfechos ríen sin detenimiento y nos muestran el cariño efusivamente.  Son estudiantes que no nos mortifican cuando nos corregimos al dictar en clase, porque no les mortifica tachar o usar corrector.  Por lo general, aceptan los fallos -propios o ajenos- y las sugerencias.  A menudo, también nos retan con preguntas inesperadas o haciendo referencia al último programa de ciencia que nos perdimos.  No les molestan los ensayos, sino que más bien, los buscan con tal de salir de clase.  Pueden, muchas veces, ser parte de la banda, del equipo de porrismo o de futbol, y en ese caso, se entregan con entusiasmo.  En esas actividades, también hay alumnos brillantes académicamente, y ellos son el contrapeso.  Ambos tipos son necesarios, ambos se compensan.

Mucho se ensalsa al buen estudiante, y es lo correcto.  Pero esta vez he querido dedicarle un momento a esos otros, los que no van tan bien, los irreverentes, esos que nadie puede mantener quietos, que salen más o menos e, indudablemente, no son los invisibles de la clase.  Son los estudiantes a quienes llamamos “mediocres” académicamente, los cuales, en última instancia, pueden hacerse notar en otros campos y hacer al colegio mantenerse despierto.

Yo sé que hay muchísimos profesores por el mundo que sueñan con una clase repleta de alumnos brillantes, callados y meticulosos, obedientes y sin problemas.  Esos que harían de esta profesión una de ocho horas y de libros de registro sin alumnos a punto de perder el curso.  Creo que se me nota:  no soy uno de ellos.