Trabajo por objetivos

Estándar

Una nueva moral

El trabajo por objetivos es una estrategia que surge, primordialmetne, en la era tecnológica.  Trabajamos en un proyecto para lograr un objetivo, no importa si le dedicamos 24 horas para lograrlo o solo 5 por día, la cuestión es tenerlo terminado dentro del plazo establecido.

Lo duro es que, a partir de ese lineamiento, va nuestra psicología, amarrada a la consecusión de un fin, sin detenerse en los medios.  De este modo, estamos extrapolando una metodología bastante efectiva hacia otras áreas en las cuales, a primera vista, pareciera funcionar de maravilla:  nuestra meta es un carro nuevo, pues bueno, hagámoslo realidad con un “tarjetazo”.  Nuestra meta es arreglar la casa, renovar el guardarropa, viajar a otro continente, asistir a las olimpiadas, comprar un celular 4G, una laptop, unos zapatos de diseñador… la lista bien podría no tener fin.  Y allá vamos, a conseguir esas “metas” sin fijarnos muy bien en los medios, la cuestión es lograrlos, satisfacer esas ansias locas.

Pero resulta que no solo en las áreas privadas pareciera que se estableciera dicha forma de trabajo.  También, a gran escala, en nuestro medio nacional, prevalece ante nuestras narices.  En mala hora surgen proyectos, antes fruto de reflexiones, ahora resultado de aparentes urgencias.  Me asombra ver, por ejemplo, cómo, ante el espejismo de contar con un estadio majestuoso, hemos cerrado los ojos a lo que nos compromote.  Estamos logrando un sueño, ese es el fin, pero de paso estamos ignorando el aleteo de tiburones.  Ante la necesidad de una carretera, ahora sufrimos el horror de Caldera, una carretera de vieja traza pero construida sin previsiones o estudios de impacto actualizados.  El fin era tenerla, pero no nos interesaron los pormenores, la obtuvimos y eso es todo. ¿Cuál de nosotros no la celebró y se fue de paseo para recorrerla?

Por otro lado, víctimas de ese afán desbordado de lucro que ha tomado dimensiones inconmensurables, alegamos los ciudadanos un estado horrible de inseguridad, ergo, plantean los “sabios” rectores de nuestra patria, nos encontramos en un estado de ingobernabilidad cuya consecuencia, absolutamente “lógica” apunta casi al restablecimiento del ejército y al “agilizamiento” de las decisiones lograda gracias a una muy propuesta, dudosa y enojosa connstituyente, que no sería más que una mal disimulada tiranía de los más poderosos, esos que en mala hora han obtenido el beneplácito internacional y, por ende, la admiraciónn nacional.

El 1º de noviembre, en su página 11, La República mostró un Hércules con grillos en ambas manos, así como en los tobillos. ¿Quién es ese? ¿Qué es lo que deseaban representar?  ¿Son esos poderosos actores políticos, cuya cabecilla sin duda es Rodrigo Arias (el poder detrás del poder que quiere pasar a tomar el poder) los que están tan amarrados? ¿Es nuestra Carta Magna el grillo que está atando la furia del monstruo? ¿Es esa pobre madre, cuyos pocos pero severos lineamientos (apenas de 200 incisos) ha tenido que sufrir 345 proyectos de ley para reformarla, y quizás, acabar con ella? ¿Dónde estamos y qué pitos tocamos en esa noticia los millones de costarricenses que somos, frente a diez nombres que cita a favor? ¿Será posible, que frente al proyecto de modernización del estado, cuyo objetivo último es dejarnos prácticamente  sin patria qué gobernar, no importen los medios sino el fin? ¿Estaremos tan hondamente afectados por la psicología tecnológica del trabajo por proyectos que no podamos percibir la catástrofe que se avecina solo por conseguir una cuestionada “agilización”? ¿Es esa nueva moral lo que nos ha otorgado lo que en ese artículo se llama “madurez política”?

No entiendo cuál ha sido la gran cosa con la consesión del Aeropuerto Juan Santamaría, un gran proyecto, si ahora tiene fallas manifiestas.  No entiendo cuál ha sido el gran beneficio de la concesión de la carretera a Caldera si ahora estamos sufriendo fallas espectaculares.  No entiendo cuál es la gran expectativa, si ya se ven los resultados de las dos anteriores, sobre la concesión de los puertos.  Miles de empleos iban a surgir del Tratado de Libre Comercio.  Algunos cientos de obreros veo yo que están trabajando en las maquilas modernas, hoy llamadas elegantemente Call Centers.

Lo que yo veo es una propaganda muy bien hecha, donde unos jóvenes muy sonrientes lucen su porte junto al nombre de compañías como Stream, Teletech, Ace Global o algo como “Multinational Company”.  Casi en su totalidad, reclutando a nuestros jóvenes, hambrientos de un salario rápido y posibilidades de crecimiento que luego son un espejismo, para que cuenten pronto con plata para gastar en la rueda del consumismo.

Uno de los últimos geniales proyectos es la apertura del mercado de las telecomuniciones, muchos lo esperan con ansias.  Lo que no se dice es que en Costa Rica pagamos las tarifas más bajas en la mensajería de texto casi que de Latinoamérica. Que pagamos tarifas de luz bajas, que toda la maquinaria estatal nos está, todavía, reteniendo una ola inmensa de aumentos que se harán realidad una vez que el mercado se termine de abrir y que, esas compañías, en este momento y con lo que pagamos, no encuentran atractivo nuestro país.  Pero se le echa la culpa al entrabamiento que suponen los mecanismos preestablecidos en nuestra maltrecha Constitución, el último recoldo de una mano amiga con la que cuenta el pueblo.

Parece inevitable.  El dibujito de Rambo que nos pusieron en La Republica me parece por momentos, listo a saltar de la página, al mejor estilo de los invencibles. Pero bueno, yo nací en esta patria, no en otra.  Una cuyo objetivo final se ha visto socabado por sus propios hijos, hoy enceguecidos por el signo de dólar, la producción y el consumo a toda costa, no importa si de camino nos prostituyen a las niñas, no emborrachan y drogan a nuestros adolescentes y nos seducen a los adultos con bellas luces y alucinantes promesas que nunca llegarán a cumplirse.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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