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EL DÍA DE LA TIERRA

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Celebrando en el colegio el Día de la Tierra

Oceanía y Asia

Heme aquí, que, de nuevo, el Día de la Tierra me mueve y me conmueve.  Animada por no dejar pasar este día, y  sabiendo que caía en Semana Santa, me animé a preguntarle a la profesora de Ciencias, nueva en la institución, si me ayudaría a montar algo para celebrar ese día.  Me dijo que sí.  Eso fue suficiente, y le conté mis ideas, a las cuales sumó otras.

Arrancó de nuevo la magia de la motivación y, de un colegio donde no iba a pasar nada, pasamos a celebrar la Semana de la Tierra, con actividades sumamente bellas.

La huella de carbono en Europa

En primer lugar, se le asignó a cada nivel, un elemento y un continente.  Como la profesora de Química se unió “a la causa”, décimo año tuvo a su cargo la Antártida y el elemento aire, para que explotara muy bien los químicos del aire que han dañado la capa de ozono y el calentamiento global debido a la emisión de gases y el consecuente derretimiento de los hielos polares.  A Sétimo le correspondió el aire y América; a octavo, el fuego

África, tierra de fuego interior

y África.  A Noveno le tocó el elemento agua , los continentes Asia y Oceanía.  A Undécimo, Europa y el elemento tierra.  Cada nivel diseñó un mural relativo y el colegio se llenó de expectativas interesantes.  Además, los primeros quince minutos de cada día, se desconectó la electricidad, lo cual resultó muy apto para rezar una oración por la Tierra que encontré en internet y la cual anexo a esta entrada.

América y el agua

Un pequeño caos en las clases, pues se interrumpía el uso de las computadoras, la proyección de videos, el uso de pizarras interactivas, los ventiladores (¡un calor sofocante!) y las aulas se oscurecían.  Todos tuvimos que vivir esa experiencia y fue muy aleccionadora.

La Antártida y el calentamiento global

Finalmente, como reflexión antes de Semana Santa, se tenía programado un Acto Litúrgico.  Eso me pareció ideal para dedicarlo a nuestro planeta.  La iniciativa fue muy bien acogida por el encargado de organizarlo.  Inmediatamente, montó la reflexión, las lecturas y los cantos alrededor del tema.  Quien oficia, además, es franciscano, y su sermón fue sumamente fructuoso, dedicado a hacernos ver la belleza de nuestro mundo y la responsabilidad que tenemos de cuidar de él.  A lla hora de las peticiones, cada nivel ofreció una reflexión sobre el elemento y el continente que le tocó ilustrar, y fue un momento realmente emotivo.

En realidad, creo que todos estamos dispuestos a manifestarnos y a hacer algo como tributo a este bello planeta, pero nos come la pereza, la inercia y el después.

América y el agua

Nunca es tarde para organizarnos, nunca es suficiente y siempre es bienvenido.  Existe en cada uno la conciencia, lo que debemos hacer es no dejar que se adormezca.  Eso pasó en nuestro colegio y fue maravilloso.  Todos escribimos en pequeños papeles “Lo que hago por la Tierra”, pequeños aportes personales que sumaron más de trescientos hechos cotidianos, y que, multiplicados, significan entusiasmo, alerta y esperanza.

Lo que hacemos por la Tierra

Oración Tradicional de los Indios Norteamericanos
¡Oh! Gran Espíritu
Escucho tu voz en los vientos,
y tu aliento concede vida al mundo.
¡Óyeme! Soy pequeño y débil,
necesito tu fuerza y tu sabiduría.

Déjame caminar en la belleza y haz
que mis ojos vean siempre
el rojo y purpúreo amanecer.

Haz que mis manos respeten las cosas que tu has hecho y que mis oídos se afinen para escuchar tu voz.
Hazme sabio para que pueda entender las cosas
que enseñaste a mi pueblo.

Déjame aprender las enseñanzas que escondiste
en cada hoja y en cada roca.
Deseo la fuerza, no para ser mas fuerte que mi hermano,
sino para luchar contra mi mayor enemigo, yo mismo.

Haz que siempre este listo para ir hacia ti
con las manos limpias y los ojos puros.
Así, cuando mi vida se apague
como se apaga el atardecer,
mi espíritu podrá ir hacia ti
sin avergonzarse.

Aquí pueden bajar la presentación que se usó para el Acto Litúrgico de preparación para Semana Santa, dedicado a la Tierra:

Acto Liturgico Preparacion Semana Santa

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Al Gore, una lucha a solas

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Pareciera que los esfuerzos, las giras, las charlas interminables que ha llevado a cabo Al Gore a lo largo y ancho de nuestro planeta fuera una lucha a solas.  A solas porque no bastan los miles y miles de seguidores y simpatizantes, hasta tanto no sea escuchado por los organismos internacionales encargados de llevar a cabo las medidas requeridas para frenar el calentamiento global y sus desastrosas consecuencias.  De nuevo, este increíble activista alza su voz en un editorial del New York Times y clama por ser atendido.

No me gustaría sonar apocalíptica, ni simpatizante de las profesías mayas o de la tercera revelación de Fátima.  Sin embargo, a ratos quisiera que todas estas corrientes, las cuales se encuadran dentro de una visión mítica del mundo, tuvieran mayor peso en los criterios supuestamente racionales que gobiernan las naciones.  Y digo supuestamente racionales, porque la razón no es enemiga de la ciencia, sino su sustento.  La razón no rechaza la dialéctica, sino que la promueve.  La razón no está divorciada de la evidencia, sino que la analiza.  Y para el caso que estoy discutiendo, privan otros intereses, los intereses pasajeros y alucinantes del poder y del dinero.  Los de la primacía de unas clases sociales sobre otras.

Cierto que todos estamos en la misma barca, cierto que hay muy bellos anuncios o propaganda que nos trata de evidenciar eso de ser habitantes de un planeta en común, pero ¿qué le podemos decir a los que nunca han visto un televisor o no conocen la luz eléctrica?  Mucho se habla de la herencia que le vamos a dejar a nuestros nietos, sin embargo, los desheredados de la tierra ya están sufriendo las consecuencia de nuestra ambición desmedidada.  Ellos ya están muriendo de ser y de hambre, ya hay cercados alrededor de campos de cultivo que se ven atacados por hordas hambrientas.  Ya los mares son peligrosos y están a merced de nuevos piratas desesperados.

Al Gore no se cansa de hablar, de mostrar, de tratar de enseñar.  Esto es encomiable y a la vez frustrante.  Una vez más cobra actualidad aquella frase acuñada hace tantos siglos:  el que tiene oídos, que oiga y el que tenga ojos, que vea.  Yo agregaría:  el que tiene manos y pies, que actúe.

La mayoría de las naciones  del mundo tienen gobiernos representativos, es decir, gobiernos en los cuales delegan sus propias decisiones tal cual fueran ellos mismos quienes ocupan los puestos de los organismos directivos.  Luego, hagamos que actúen de acuerdo con nuestro sentir y nuestro criterio.  No es quedándose en casa frente a un hipnotizador programa televisivo como vamos a cambiar el rumbo de nuestra comunidad, de nuestro país o de nuestro continente.  A ratos me parece que delegar en otros las decisiones se ha vuelto sinónimo de pereza y “dejación”, un arcaísmo que usaban los abuelos y significa dejar que las cosas se resuelvan solas.