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El futuro de la educación

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Esta entrada nace como respuesta al carnaval de blogs, propuesto en el blog Internet en el aula, red social docente para una educación del siglo XXI, cuyo tema es El futuro de la educación.

Imaginar cómo será la educación en diez o veinte años depende mucho de nuestra experiencia personal al respecto. Esto quiere decir que, si te encuentras en el primer mundo, la imaginarás de una manera, pero si estás en el tercer mundo, tendrás que poner los pies en la tierra de forma muy dura, como es el caso de cientos de colegas docentes latinoamericanos.

La cuestión educativa en países que van arrastrando problemas serios de acceso a libros e infraestructura aún en el siglo XXI, deberá tender a dar esas mínimas posibilidades a cientos de comunidades que, a duras penas, pueden contar con un maestro para alumnos de diversos grados. Si el salto se piensa dar del “no tener nada” a digitar una computadora, la cuestión no es así de fácil como suena. Las comunidades atrasadas tecnológicamente, lo están, por cierto, económica y socialmente. Esto va ligado a una incomprensión total de los avances que ya están altamente desarrollados en algunos puntos del planeta, y me refiero asuntos como la falta de apoyo en los hogares, al mal manejo del equipo que se pueda facilitar (ligado a la ignorancia de los cuidados que requiere un material electrónico) y también al saqueo del que son víctima fácil instalaciones educativas vulnerables que no cuentan ni siquiera con servicio de vigilancia.

Imaginar, por tanto, si seguiremos usando libros de texto, podría convertirse en “usaremos” libros de texto, probablemente, los desechados por otros usuarios estudiantiles del mundo. En ese sentido, no se puede hablar de una generalización de soportes digitales conectados pues, posiblemente, en muchos países latinoamericanos, los roles de estudiantes y docentes apenas si habrán variado.

No es mi deseo sonar pesimista. Personalmente trabajo con todos los adelantos y facilidades del mundo digital. Enseño a estudiantes de avanzada, que cuentan con toda clase de dispositivos electrónicos, al igual que yo. Ellos pertenecen a las clases privilegiadas del país, y yo a los profesores privilegiados también. Es solo que esto no me vuelve ciega de los problemas con los que deben luchar, día a día, miles de niños y adolescentes del tercer mundo, nativos de tierras olvidadas, donde no hay luz ni medios de transportes adecuados que los ayuden a llegar, tan siquiera, a unas instituciones educativas tristemente olvidadas. Hablo de los docentes que no han contado nunca con una pizarra blanca, y siguen luchando con la tiza, la cual deben ahorrar.

Sin duda alguna, el futuro de la educación deberá ser inclusivo, y va a depender de lo que hagamos hoy, pues de la formación actual dependerá lo que piensen y decidan estos educandos, ya que para entonces serán ellos los que estén trazando la dirección del mundo.

Mi aporte a este carnaval de blogs se enfoca no en imaginarnos cómo será la posición de las aulas en el futuro, sino en que, en ese futuro, se logre posicionar a la mayor cantidad de población dentro del mapa del acceso a la educación, minimizando las diferencias abismales de la actualidad, donde existen miles de niños cuya única preocupación es tener qué comer o madres iletradas a quienes, sumidas en la extrema pobreza, solo les interesa saber si sus hijos estarán vivos mañana.

En el tanto enseñemos a nuestros estudiantes a pensar, a ser críticos, a ser proactivos con respecto a sus congéneres menos privilegiados, los ayudemos a cambiar sus patrones de consumo reconociendo la fragilidad de los ecosistemas mundiales, les abramos los ojos con respecto al consumo responsable, buscando aquellos productos que no sean el resultado de trabajo infantil esclavo, por ejemplo, estaremos entonces trazando una senda profunda y fecunda hacia la distribución sana y auténtica del conocimiento. Sí, grandioso, que se haga utilizando todas las herramientas digitales actuales, pero más grandioso aún cobijando al mayor número de seres humanos bajo la consigna de un mundo más justo, sano y provechoso para todos.

Tecnologías digitales en el aula

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Preparando materiales para un libro de recortes

Este es un título muy sugestivo, como ya abundan por ahí.  Los docentes que se sienten “pasados de moda” y quieren “ponerse al día”, andan por ahí buscando ideas, material de apoyo, programas, etc.  Pero no es el caso de esta reflexión.

Mucho he incursionado en el campo de las TIC y su uso en el aula.  Me encanta la tecnología, y con ella se abren una enorme gama de posibilidades.  Si no son los celulares, es twitter, o hasta Facebook en el aula.  Claro que sí.  Sin embargo, como decían los pensadores clásicos:  todo en su justo medio.  Conocida en Grecia como la sofrosine, es todo aquello que guarda la mesura, para lo cual debemos utilizar el sentido común.  Mucho de lo mismo, cansa.

Actualmente, millones de personas se convierten en verdaderos devoradores digitales,  pero, por qué no decirlo, son a su vez devorados.  A los jóvenes de secundaria también les encanta manipular objetos, representar escenas de obras literarias, crear collages, colorear, dibujar, recortar.  Les sigue gustando, como siempre, conversar en clase, intercambiar ideas a la  hora de diseñar los famosos “carteles” que les sirven para exponer una presentación.  Les gusta tumbarse en el suelo a leer u hojear una revista.  Algunos, sienten como una carga tanto blog, twitter en clase, lectura digital, etc.

Trabajo en grupo preparando materiales

Yo, que amo la tecnología y busco siempre utilizarla en mi aula, creo que es importante no olvidar estos detalles.  Son los que podemos rescatar en medio de tanta laptop, de los laboratorios de cómputo, de las proyecciones, películas, videos o diseño digital.  Todo es encontrar el justo medio, momentos en los cuales simplemente escuchar las ideas, observar lo que pueden crear con un lápiz o una plumilla, para que, tal vez por una de las últimas décadas de la educación, disfruten rayando en su cuaderno dibujando un monigote.

actuando en clase

Barras libres en San José, Costa Rica

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Un bochornoso sabotaje a la juventud

Hace pocos días La Nación, en su revista de los domingos, Proa, publicó un reportaje sobre las barras libres. Ahora, no solo los padres de familia, sino las autoridades nacionales ya no pueden seguir haciéndose los tontos ante este oscuro negocio.

El artículo nos da todas las pistas.  Denuncia cómo por Facebook (antes por papelitos) se anuncian esas actividades para que nuestros muchachos, NUESTROS MUCHACHOS, con NUESTRO dinero (porque ninguno, que yo sepa, tiene salario) vayan a esas actividades a atiborrarse de guaro hasta caer inconscientes.  Qué negocio tan redondo, porque los chiquillos se emborrachan muy rápidamente, y no consumen lo que pagaron.  Con guaro del más barato, los emborrachan y el vacilón es seguro.  Hasta jóvenes muy cercanos en edad andan en el “negocio”.  Y los papás, unos muy complacientes y otros (espero que hasta el día de esa publicación) muy inocentes, soltando la plata para que vayan.

Qué miedo nos dan los hijos.  Qué miedo preguntar adónde van que necesitan ir en un bus para que no tengamos que saber adónde se meten.  Qué miedo les tenemos a que se enojen, o hagan un berrinche o nos dejen de hablar una semana.  Qué horror tan grande a que hagan una pataleta, no vayan a visitar a los abuelos o se nieguen a acompañarnos a misa.

No señor. Esto no puede estar pasando.  Me niego a creer que los papás seamos tan taraditos como para seguir pensando que nuestros adolescentes de 14, 15 o 16 años están jugando “carritos” y las niñas se entretengan en eso mismo o jugando “muñecas”. ¿En dónde están esos papás y esas mamás cuando las chicas salen dignas de una portada “Tú” o “Seventeen” con minifaldas de una cuarta, leggins y botas ceñidas como mallas de circo y escotes a lo Scarlett Johansson, Paris Hilton o Salma Hayek? ¿Quiénes son las víctimas en todo esto, ellas o los padres?  Es irremediable, los muchachos se van solos con sus amigos y con el dinero de los papás, a comprarse la ropa, y cuidadito se le ocurre a la pola de la madre ni tan siquiera insinuar que los acompaña, ¡Jesús! ¡Qué ridículo!  Y allá va la platilla, esa que nos cuesta horas y horas de trabajo, quizás cogiendo bus bajo la lluvia o el sol, u horas de atascamiento en medio del tráfico.  Algunos verán con alivio y buenos ojos la “independencia” que no tuvieron en aquellas edades. Otros, se quedarán hechos un dos y un tres, porque “no los quisieron llevar” sus hijos.

Da risa. Da lástima. Da horror.  Mientras tanto, insisto, con nuestra aprobación, navegan por internet en busca del siguiente “evento” al cual ir, si no a hacer, a ver, cómo se emborrachan, devuelven el estómago o fuman mariguana sus más allegados amiguitos, esos que vimos crecer y todavía imaginamos que tienen cinco añitos, con los cuales andan en una “fiestita”, no sabemos bien dónde, pero después de la cual más de uno se queda a dormir donde tal o cual, cuyos padres (ya lo saben) no “joden” cuando los recojen semiinconscientes para llevarlos a dormir la “mona” y así mal disimular la trasnochada.

Por favor, no me vengan a decir que los papás no saben ni adivinan.  No me digan que les tienen miedo a los hijos y a ponerle límites.  No me digan que están esperando que alguien haga algo (como el colegio) para detenerlos porque ellos no pueden. “No” es una palabra corta con muy claras consecuencias. “No” es lo que necesitan las chicas cuando llegan a la casa con semejantes indumentarias. “No” es la palabra precisa para esas alcahueterías en donde lo que no se sabe se aprende a muy tempranas horas.  “No” es la palabra bendita, la que jamás debe borrarse de nuestro vocabulario de padres, mientras dejamos que llegue el tiempo y la capacidad neurológica y emocional de enfrentar, a su hora, la vida.

Qué negocio tan funesto pero tan bien sustentado por el temor y la vergüenza de los padres a quedar como ridículos y pasados de moda, mejor ser “cool” y sentarse a ver las fotos que tomaron en el lugar, reírse con ellos o hacerse los brutos, total, mientras en los establecimientos comerciales nos convencen de que vender licor a menores es un delito, por la otra puerta, se organiza un “evento”, se conoce muy bien a los “líderes” que los organizan y ninguna, pero ninguna autoridad se asoma por esos lugares a hacer una buena redada.  Será que no saben qué es Facebook o, peor aún, no leen el periódico.

 

Trabajo por objetivos

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Una nueva moral

El trabajo por objetivos es una estrategia que surge, primordialmetne, en la era tecnológica.  Trabajamos en un proyecto para lograr un objetivo, no importa si le dedicamos 24 horas para lograrlo o solo 5 por día, la cuestión es tenerlo terminado dentro del plazo establecido.

Lo duro es que, a partir de ese lineamiento, va nuestra psicología, amarrada a la consecusión de un fin, sin detenerse en los medios.  De este modo, estamos extrapolando una metodología bastante efectiva hacia otras áreas en las cuales, a primera vista, pareciera funcionar de maravilla:  nuestra meta es un carro nuevo, pues bueno, hagámoslo realidad con un “tarjetazo”.  Nuestra meta es arreglar la casa, renovar el guardarropa, viajar a otro continente, asistir a las olimpiadas, comprar un celular 4G, una laptop, unos zapatos de diseñador… la lista bien podría no tener fin.  Y allá vamos, a conseguir esas “metas” sin fijarnos muy bien en los medios, la cuestión es lograrlos, satisfacer esas ansias locas.

Pero resulta que no solo en las áreas privadas pareciera que se estableciera dicha forma de trabajo.  También, a gran escala, en nuestro medio nacional, prevalece ante nuestras narices.  En mala hora surgen proyectos, antes fruto de reflexiones, ahora resultado de aparentes urgencias.  Me asombra ver, por ejemplo, cómo, ante el espejismo de contar con un estadio majestuoso, hemos cerrado los ojos a lo que nos compromote.  Estamos logrando un sueño, ese es el fin, pero de paso estamos ignorando el aleteo de tiburones.  Ante la necesidad de una carretera, ahora sufrimos el horror de Caldera, una carretera de vieja traza pero construida sin previsiones o estudios de impacto actualizados.  El fin era tenerla, pero no nos interesaron los pormenores, la obtuvimos y eso es todo. ¿Cuál de nosotros no la celebró y se fue de paseo para recorrerla?

Por otro lado, víctimas de ese afán desbordado de lucro que ha tomado dimensiones inconmensurables, alegamos los ciudadanos un estado horrible de inseguridad, ergo, plantean los “sabios” rectores de nuestra patria, nos encontramos en un estado de ingobernabilidad cuya consecuencia, absolutamente “lógica” apunta casi al restablecimiento del ejército y al “agilizamiento” de las decisiones lograda gracias a una muy propuesta, dudosa y enojosa connstituyente, que no sería más que una mal disimulada tiranía de los más poderosos, esos que en mala hora han obtenido el beneplácito internacional y, por ende, la admiraciónn nacional.

El 1º de noviembre, en su página 11, La República mostró un Hércules con grillos en ambas manos, así como en los tobillos. ¿Quién es ese? ¿Qué es lo que deseaban representar?  ¿Son esos poderosos actores políticos, cuya cabecilla sin duda es Rodrigo Arias (el poder detrás del poder que quiere pasar a tomar el poder) los que están tan amarrados? ¿Es nuestra Carta Magna el grillo que está atando la furia del monstruo? ¿Es esa pobre madre, cuyos pocos pero severos lineamientos (apenas de 200 incisos) ha tenido que sufrir 345 proyectos de ley para reformarla, y quizás, acabar con ella? ¿Dónde estamos y qué pitos tocamos en esa noticia los millones de costarricenses que somos, frente a diez nombres que cita a favor? ¿Será posible, que frente al proyecto de modernización del estado, cuyo objetivo último es dejarnos prácticamente  sin patria qué gobernar, no importen los medios sino el fin? ¿Estaremos tan hondamente afectados por la psicología tecnológica del trabajo por proyectos que no podamos percibir la catástrofe que se avecina solo por conseguir una cuestionada “agilización”? ¿Es esa nueva moral lo que nos ha otorgado lo que en ese artículo se llama “madurez política”?

No entiendo cuál ha sido la gran cosa con la consesión del Aeropuerto Juan Santamaría, un gran proyecto, si ahora tiene fallas manifiestas.  No entiendo cuál ha sido el gran beneficio de la concesión de la carretera a Caldera si ahora estamos sufriendo fallas espectaculares.  No entiendo cuál es la gran expectativa, si ya se ven los resultados de las dos anteriores, sobre la concesión de los puertos.  Miles de empleos iban a surgir del Tratado de Libre Comercio.  Algunos cientos de obreros veo yo que están trabajando en las maquilas modernas, hoy llamadas elegantemente Call Centers.

Lo que yo veo es una propaganda muy bien hecha, donde unos jóvenes muy sonrientes lucen su porte junto al nombre de compañías como Stream, Teletech, Ace Global o algo como “Multinational Company”.  Casi en su totalidad, reclutando a nuestros jóvenes, hambrientos de un salario rápido y posibilidades de crecimiento que luego son un espejismo, para que cuenten pronto con plata para gastar en la rueda del consumismo.

Uno de los últimos geniales proyectos es la apertura del mercado de las telecomuniciones, muchos lo esperan con ansias.  Lo que no se dice es que en Costa Rica pagamos las tarifas más bajas en la mensajería de texto casi que de Latinoamérica. Que pagamos tarifas de luz bajas, que toda la maquinaria estatal nos está, todavía, reteniendo una ola inmensa de aumentos que se harán realidad una vez que el mercado se termine de abrir y que, esas compañías, en este momento y con lo que pagamos, no encuentran atractivo nuestro país.  Pero se le echa la culpa al entrabamiento que suponen los mecanismos preestablecidos en nuestra maltrecha Constitución, el último recoldo de una mano amiga con la que cuenta el pueblo.

Parece inevitable.  El dibujito de Rambo que nos pusieron en La Republica me parece por momentos, listo a saltar de la página, al mejor estilo de los invencibles. Pero bueno, yo nací en esta patria, no en otra.  Una cuyo objetivo final se ha visto socabado por sus propios hijos, hoy enceguecidos por el signo de dólar, la producción y el consumo a toda costa, no importa si de camino nos prostituyen a las niñas, no emborrachan y drogan a nuestros adolescentes y nos seducen a los adultos con bellas luces y alucinantes promesas que nunca llegarán a cumplirse.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mamita Yunai en las lecturas obligatorias 2011

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¿Nace un mito?

Cuando los costarricenses se dieron cuenta de que Mamita Yunai había sido eliminado de las lecturas obligatorias del MEP, pusieron el grito al cielo y empezaron a moverse.  Un gesto interesante.  Por su lado, el MEP, reaccionó positivamente, y la colocó de nuevo en la lista.  Ambos hechos son muy significativos dentro del contexto histórico actual, pues considero que ambos son absurdos.  Veremos.

De hecho, el pobre señor Ministro se ha cansado de decir que las lecturas son sugeridas.  La lista solamente propone, el profesor dispone. Pero los costarricenses entraron en pánico, reafirmando, una vez más, que no leemos. Nos quedamos en los titulares, no nos tomamos el costo de investigar un poco, sino que nos tragamos ya la materia digerida.   Solo así me puedo explicar un  malestar inmediato frente a una medida fastasma, es más, frente a una lectura que pareciera no haber producido muchos resultados.  ¿Dónde estaban TODOS los estudiantes que, en su momento, leyeron Mamita Yunai, hoy ya mayores de edad, cuando se nos vino encima, por ejemplo, la aprobación del TLC? ¿Dónde estaba toda esa presión opositora, movida y motivada frente a una lectura que denunció hechos muy semejantes que se dieron en la Costa Rica de entonces? ¿Se ha hecho, en realidad, una lectura productiva de una obra profundamente social o, simplemente, se le ha hecho un monumento frío y estático?

Recorramos, sin temor y brevemente, parte de la riqueza semántica de este texto.  En primera instancia, nos enfrentamos a una figura sumamente polémica en el contexto socio-histórico del mundo narrado:  Minor Keith.  Un individuo, visionario y emprendedor, sí, pero que vio, en nuestro territorio, el signo del dólar (¿alguna similitud con la actualidad?).  Keith inició en Costa Rica un emporio bananero, semilla de lo que se conocería con el nombre de Banana Republic, un vergonzante geográfico y fundamento de un  segundo punto de análisis:  los inicios de un énclave de explotación ignominiosa que significó la humillación y muerte de muchos trabajadores, los cuales, hasta hoy, sufren las consecuencias, por ejemplo, del uso indiscriminado de pesticidas que los dejaron estériles.   En tercer lugar, el texto nos muestra la parte más olvidada, la nunca admitida, y nombrada textualmente por Carlos Luis Fallas como la Raza Vencida.  Con esos terribles vocablos se refiere él a nuestra desposeída población indígena, la cual nos retrata manipulada desde una ignorancia que el mismo Estado propició mediante el fraude electoral y pareciera nunca llegar a solventar hasta el presente.  Hasta llegar, finalmente, a la huelga bananera, eje fundamental, germen de todo aquello que hasta ayer fue baluarte y honra de nuestro ser nacional (¡no me atrevo a decir “hasta hoy” y menos, “hasta mañana”).

Particularmente, quisiera llamar la atención sobre el hecho de que, como resultado de huelgas como la del 34, hemos generado  un país de derecho, contamos con un Código de Trabajo y  gozamos de de garantías sociales.  Recordemos que Calderón Guardia, monseñor Sanabria y el Partido Comunista se aliaron en 1940, y pactaron por las garantías sociales.  Se crearon la CCSS y la UCR, instituciones eje de nuestra idiosincracia:  bienestar social y educación.  Eso es parte del legado mismo de Mamita Yunai, esa es la voz que lanza esta obra a nuestro colectivo social: mostrarnos el desamparo y el sufrimiento de una sociedad donde el Estado liberal forma alianzas con las compañías extranjeras y abandona, a la buena de Dios, a sus ciudadanos.  A partir de la constitución de 1940 se convierte en un estado interventor que es el que vigila el bienestar de toda la población y elcual estamos a punto de perder. Esta decisión se tomó hace 70 años e, irrisoriamente, es adonde quiere llegar el gobierno de Obama hoy, ante la destrucción irremediable  del suelo marino en el Golfo de México.   Hechos recientes muestran la manera en que una perforación petrolera irreflexiva y ambiciosa, se llevó a cabo por una  compañía privada sin regulaciones ni restricciones de ningún tipo, más que las dictadas por la avaricia insaciable.

Eso lo comprendieron y vivieron muy bien mis estudiantes de noveno año cuando organizamos un debate basados es en esta obra. Tomando el lugar de los trabajadores bananeros, los indígenas, la United Fruit Company, los capataces y el gobierno, pudieron vivenciar las frustraciones y las falacias que se construyen alrededor de los hechos históricos, aprendiendo que, cuando les toque el turno de protagonizar la historia, habrá que tomar decisiones, y esas decisiones tendrán repercuciones, positivas o no, a corto, mediano o largo plazo.

¿Entonces?  Ni el MEP quitó realmente esta lectura, porque el que deseara seguir leyéndola estaba libre de hacerlo; ni los cientos (no sé si miles) que firmaron por su defensa, han aprendido la lecciones que nos enseña.  ¿Será entonces que va a engrosar la lista de nuestros mitos:  somos los más lindos de Centroamérica.  Somos amantes insignes de la naturaleza, los más conservacionistas, Crucitas incluido.  Somos los más pacíficos del planeta asesinando a medio mundo en carretera bajo la inconciencia de las borracheras. Y, la cereza del pastel, ¿los más patriotas porque leemos Mamita Yunai?

¿Estaremos, como cuerpo docente, preparados para la libertad de pensamiento gestada por don Leonardo Garnier?, y, mi mayor temor, ¿seguirá el estudiantado ciego y mudo frente a la literatura, dominado por una pereza de pensar heredada y ya casi congénita ?

La muerte de Christopher Lang

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Un claro mensaje sobre nuestra pirámide de valores.

A finales de enero de este año, una agencia del Banco Lafise sufrió un asalto del cual recuerdo alguna nota contradictoria con respecto a si las cámaras de seguridad estaban encendidas o no, pues la sucursal estaba en proceso de traslado a otro local.  Esto, según recuerdo, había lanzado la sospecha de que los asaltantes manejaban cierta información al respecto.

Una noticia de último momento del diario La Nación,  nos dice, ahora en marzo, que los atraparon y que dichos asaltantes, habían gastado el dinero en autos, ropa, celulares y electrodomésticos.  Autos ropa, celulares y electrodomésticos…qué terrible.  Claro que no se cuentan otras minucias, en las cuales, seguramente, hicieron gastos “menores”.

Por otro lado, en el mismo periódico, leemos un artículo del mismo día sobre la muerte del joven Christopher Lang, escrito por su amigo el periodista Miguel Jara.  Don Miguel nos dice que a su amigo lo mató su generación, pero yo creo que lo mató una serie de generaciones anteriores a la de ellos, pues gobiernan gente con un par de décadas más.  Y a ellos los eligió un pueblo también con bastantes años más que la de ustedees.  Se trata de un círculo, y en él, no es fácil encontrar pies ni cabeza.

Don Miguel es valiente y afirma que, si mal no entiendo, su generación es una generación que nadie quiere.  Yo cambiaría un poco la expresión, y diría:  una generación que nadie quiso que fuera así.  Pero todos hemos sido cómplices, porque esa generación tuvo sus respectivos padres y abuelos.  Esas generaciones transanteriores, probablemente, se llegaron a hastiar de las restricciones, echaron por la borda pensamientos como “solo soy libre cuando me someto a la ley”, y lo sustituyeron por “quiero que seas libre, por lo tanto, no te sometas a ninguna ley”, y así fueron levantando una sociedad de hombres y mujeres “libres”, esos mismos que hoy pregonan un relativismos absoluto, esos que viven prisioneros por las horas que dure su trabajo y luego se dedican a “recompensarse” al terminar el día, o la semana, por semejante oprobio.  Son los mismos que, poco tiempo después de que se consolidaran nuestras instituciones nacionales, las vieron con desprecio y con un gran signo de dólar en sus fachadas.  Son los mismos que, marginados de la sociedad, roban y hasta matan para intentar escalar, rápidamente, peldaños “arriba” una pirámide que, paradójicamente, en realidad se encuentra invertida. Roban y hasta matan por exhibir un celular, para sacar una foto, para jugar algún jueguito, para mandar mensajes de texto.  Para colocar en la sala un televisor de pantalla plana, en la cocina una refrigeradora de acero inoxidable. Para comprarse un carro y sentirse “alguien” en una agencia, en una gasolinera o en una autopista.  Ese individuo, ladrón que es un asesino en ciernes, no se diferencia de otro que obtuvo los mismos bienes mediante una tarjeta de crédito “bien habida”, y tiene, en alguna bóveda, una fortuna que lo respalda.

Ambos miran con desprecio al trabajador esforzado, profesional o campesino.  Les da lo mismo.  No llegan ni siquiera a comprender cómo alguien puede ser un deportista, cuida su salud, cultiva su familia y muestra respeto y cordura en su vida diaria.  Ellos son los dueños del tablero, no quieren soltar prenda.  Exigen, como niños pataleando, que los dejen seguir obteniendo jugosas ganancias, que los dejen seguir llenando sus arcas, “bien o mal habidas”, porque el mundo está hecho para devorarlo.  Imponen su voluntad en los juzgados, en las asambleas, en los congresos, en las juntas directivas.  Su mal prolifera y los buenos no hacen nada.  Los buenos deben seguir muriendo, porque la voz que debiera defenderlos se levanta hoy, débil y avergonzada.

Don Miguel, a Christopher, hijo, hermano, padre y esposo bienamado, como a muchos ciudadanos, lo mató una Costa Rica vergonzante, donde, si la Constitución es una niña enferma que se manosea para evidenciarla como un documento vulnerable -al primer cuestionamiento que se le ocurra a alguien, ¿qué destino le puede esperar a una triste ley como quieren hacer quedar a la de tránsito?