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A Pablo Neruda

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A Pablo Neruda

Bajo el dulce imperio

de tu mano

la palabra mostró

su tibia mansedumbre serena

vistió sus mejores galas

soberana de la vida

maga

sometida amante

que fue amada

en saturnales noches

encendida

en todas sus vertientes

extenuada

ancha.

Contigo fue

a cada rincón

cuando hubo rincones

que husmear

acudió

cada vez

a tu llamado y

alzó fuego y

quemó al mundo

para siempre.

Contigo fue

rebelde

insolente, verbal,

poseedora.

Arrebató la cruz,

incendió las iglesias,

puso de rodillas

a los ejércitos

tocó cada puerta de América,

sacudió las vertebrales

mordidas de las hienas.

Con ella fuiste

y cabalgaste tus sombras,

con ella visitaste a los enfermos,

fuiste pobre,

fuiste rico,

te sentaste a la ribera

de los ríos y

navegaste el bosque

en busca de estrellas infernales.

Fue tu compañera

en la guerrilla de la vida

cuando tus armas eran los verbos.

la hiciste reina

y le construiste el imperio

de la cebolla,

le diste ropas estelares

la desnudaste hasta que fue

un astro

puro

luminoso,

tú la lanzaste

en una loca carrera

a recorrer el infinito,

y el infinito

solo era

el viejo camarada de tus infancias.

Bajo la tibia sencillez

de tus olimpos

la antigua conocida,

la palabra,

usada y retomada,

se hizo vino

y se decantó

en cada mesa,

vertió su luminosa

uva

en cada corazón

y nunca

más volvió a su nido.

Contigo

no hubo más

oscuridad

ni silencio,

no hubo pertenencia

en la Tierra,

no hubo órbita

fija.

Contigo la palabra

rompió

el viento

azuzó al mar

en catarata

aró la arena

en zurcos nítidos

que jamás se borraron.

Contigo

Pablo

no puede haber

norte

ni ruta.

Le pusiste a la palabra

un cabestro indómito

y salvaje

y nunca más

habrá quién conozca

su domadura

nunca jamás

abrá una piedra sin salitre,

un mar sin dulces aguas,

una redonda

lágrima

que no haya sido

antes que todo

disfraz y risa,

nunca un árbol

nacerá de la tierra

no habrá

sonido

ni rima

ni porqué

ni dónde…

así quedó ese imperio

inderrocable

que le diste

a la palabra.

 

Lorena Rodríguez

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