Este libro mágico y maravilloso, me llevó de la mano a todo lo soñado entre las miles de páginas que he leído en mi vida:  poder encontrarme con todos esos seres que cobran vida ante mis ojos y en mi pensamiento.  Ese corazón, lleno de tinta, amante de cada letra, amante de las páginas en blanco como un susurro seductor, amante de las tapas de los libros, de las encuadernaciones, del olor de los libros viejos, ese, es un corazón compartido con esta increíble mujer, Cornelia Funke.  Ella ha sabido conquistar ese otro lado, el  del espejo, de forma ingenua, valiente y amorosa.  Ella sabe, en este libro, pintarnos todas esas posibilidades hasta ahora imposibles, dejando abierta la puerta de los sueños.  Si yo volviera a nacer, seguiría con todo mi alma la carrera de ilustradora y me dedicaría, como tantos dichosos que lo hacen , a encuadernar libros como el personaje de Mo en este libro.  De hecho, inspirada en él, encuaderné uno de mis libros de uso cotidiano, el de la foto.  Lo hice de manera totalmente intuitiva, pensando en todos esos bellos lienzos con los que repara los “enfermos” en la historia.  Lo disfruté montones, y pienso que no quedó tan mal.  Lo divertido fue haberme dejado llevar por la motivación de mi lectura.

Parte externa del libro modificado, respetando dedicatoria de autores.

Corazon de tinta no debe leerse aislado.  Hay, sin duda alguna, que beberse esas otras tintas de mundo y muerte, los otros libros de la saga.  Por el momento, Meggie me sigue robando todos los momentos más emocionantes.  Mo, ese médico de libros, tan parecido a lo que yo quisiera ser.  Resa, la madre que estuvo relegada tantos años a vivir en el centro del corazón de tinta.  Basta, malvado tan malvado como todos los malvados que siguen a líderes como Capricornio.  Gwin, esa marta inquieta y traviesa, Dedo Polvoriento, el domardor del fuego, a quien las llamas obedecen quedamente. Y Farid, ese pequeño aventurero, el pícaro sin preguntas y sin respuestas, a quien solo quema la llama de la vida.  En fin, no puedo parar de leer, voy por el segundo tomo que en inglés se llama Inkspell, y así me encuentro, hechizada, sin poder parar de leer.  Descubriendo nuevas facetas de cada uno de los personajes y deseando, sin duda, ser Fenoglio, o al menos, un lector mágico de libros que un día logra pasar la frontera.

El libro para niños y para niños grandes, esos que seguimos durante toda la vida el vuelo de las hadas sin que podamos verlas.

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