Benedetti no puede dejar de ser poeta hasta cuando lo intenta.  Y creo que en este libro lo intentó de veras, quizás por timidez, ya que no quiero aventurarme a llamarlo de otro modo.Vivir a drede nos da un paseo corto, por lo que yo lo llamaría “un canto específico y pequeñito”, ya que no pude apartar de mi mente el monumental  Canto General de Neruda.

mariposa costa rica

Este vivir de Benedetti es un casi morir, dada la recurrente referencia a la muerte, a la despedida y a la nostalgia. Casi me daba miedo de que, en un voltear de página, no me encontrara con que él mismo engrosara la lista de los suicidas vocacionales.

Para mí, este libro resultó vivir en breve una larga cadena de sucesos recordatorios, a final de cuentas cuasi condenatorios, si es que se me pegó el jugar con las palabras de este viejo amigo.  No llega a biografía, claro, pero es evidente que es una despedida, y, como pareciera que ni los grandes íconos de la literatura se liberan de convertirse en risueños ancianos, este pareciera que no se quiere ir sin arrancarnos más de una sonora risa en medio de un texto demasiado rotundo.

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