Esta película es un verdadero desacierto.  En realidad, es una apuesta a la posmodernidad más intrincada.  La interpreto como un voto a lo misterioso que llega a confundirse con la nebulosa de lo ininteligible.

Asistimos, lastimosamente, a un vaivén entre la insinuación histórica, lo anecdótico de lo individual, el confuso retrato de la supervivencia, miseria y drogadicción; pasando por el desempleo, que aparece por extraña añadidura; lo creyencero en oraciones y velas; lo pseudocientífico-pesadillesco; el niño-medium que charla con aparecidos y muñecas diabóicas, así como  la actuación desastrosa y depresiva de un doctor que no le llega a los talones a Moreno Cañas, aunque le siga las huellas (creo).  Todo sin dejar de lado el desdoblamiento escénico entre guionistas desaparecidos y directores muertos que no están tan muertos porque, a final, pareciera que se trataba de una jugarreta… claro, que la verdadera jugarreta es la que nos hacen a los espectadores, quienes, haciendo un esfuerzo sobrehumano, nos mantenemos en nuestros asientos.

No termino de entender cómo se logró complicar tanto algo tan llano, ni cómo se logró opacar una figura tan insigne para convertirla en una sombra, anulando al individuo excepcional, diestro en su profesión, culto y, sin duda alguna, ciudadano de brillante futuro político.

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