En un aniversario más.

Jorge,

uno más de mis Jorges.

Padre, hermano,

sobrino he tenido con ese nombre,

y esposo.

Mas tuve en mi vida otro,

un maestro

guía infinito

palabra hecha

mascullada

hablada

demolida y construida.

Jorge el de la palabra,

el que la leyó en mí,

interpretándola desde su voz profunda.

Jorge que vio mi camino

donde no había camino,

que supo el eco

antes del eco,

el que se sentó y me dijo.

Un Jorge amigo,

guía.

El de un abuelo, un perro y un arcoiris.

Había en vos significado,

había risa dormida,

noche, amanecer,

vino,

un río de vino tinto.

Te conoci y no te conocí del todo,

como tantos otros.

Estabas hecho de piedra,

de ceniza de cigarrillo,

de misterio.

Solo vos sabías

cuál era tu música verdadera,

solo la madrugada

supo abrigar tu risa,

solo ella

quizá

fue tu mejor amiga.

Poeta de frases cortas,

como dura un suspiro.

Velero de mares profundos,

reloj sin aguja,

Jorge,

el que anda descalzo por mis versos

y los ordena

en un libro que no llega.

Jorge, el de la poesía en la mano,

en la copa,

en la silla,

en la montaña.

Vos sos de los que no hay manera de que se vaya,

aunque siempre tuviste prisa por marcharte.

Te veo y estás sonriendo,

borrando alguno de estos versos

o todos,

porque sobran o faltan,

porque no te dicen por completo

o te dicen mucho,

no sé.

Pueden ser dos, cuatro, seis,

diez años,

no sé,

no llevo la cuenta:

tu foto sigue siendo la misma,

ahí permaneces encerrado y libre.

Tus libros siguen siendo los mismos,

no importa,

son siempre nuevos,

distintos.

No sé.

Podrá no haber oído

para tu lenta pronunciación

mientras te comías,

palabra por palabra,

tus versos.

Podrá no haber aire,

particularmente aire,

para seguir leyendo,

como leías,

tus versos…

pero entonces

¿cómo explicar que te sigo oyendo?

Yo soy ahora la que te habla

y vos me respondés

sin cómo ni dónde.

Ahora no te podés ir

porque te tengo,

ahora, Jorge entre mis Jorges,

te tengo preso en mis palabras,

y tenés que escuchar

cuando te digo

gracias,

gracias por este camino que abriste ante mis ojos

y descubro siempre,

cada día,

porque no está hecho

ni nunca termina.

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  1. Lorena: Conocí a Jorge, alumno del Seminario, y muy amigo de Mery, mi esposa, y su madre y hermana mayor. Siendo estudiante de secundaria (1947-52) siempre visitó a ésa familia, que sería luego mi familia política (como dicen). Ésa amistad de la familia de Mery y la de Jorge (padre y madre) se mantuvo, a pesar de las vicisitudes de la vida, Mery le mantenía su amistad y cariño. Un gran poeta desde jovencito con una sensibilidad enorme. De mi parte le perdí de vista y solo conocía algo de su producción poética. Casualmente ordenando mi biblioteca encontré un viejo libro editado en 1945 en Argentina, el cual me prestó una vez Jorge, entregado desde siempre a los caminos de la cultura. Es de Schopenhauer “El amor las mujeres y la muerte”. Me cuenta Mery que en una ocasión lo llamó para darle un pésame y le expresó que se sentía muy solo, poco tiempo después murió. Me sorprendió saber que fue tu maestro, el cual debe desde otras dimensiones, estar leyendo este poema. ¿Qué pasó con la obra de Jorge? ¿se podrá hacer en el futuro una publicación que reúna lo mejor de su producción? Un saludo cordial Rodolfo Herrera.

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